Winston-Salem.- El brote de coronavirus que se inició en el Centro de Detención del condado de Forsyth, en noviembre del 2020, sigue activo. Hasta el 2 de marzo, hubo un total de 248 casos de COVID-19 entre presos, según el último informe del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte. De estos casos, tres seguían activos a finales de febrero.

“Las personas deben preguntarse cómo se han contagiado tantas personas en la cárcel de Winston-Salem”. Así empieza una carta que Qué Pasa recibió hace unas semanas, firmada por un preso del Centro de Detención de Forsyth, de quien mantenemos la identidad en el anonimato.

En el documento de cuatro páginas, el recluso denuncia las condiciones en las que viven los presos de la cárcel desde que el brote surgió en noviembre, cuya propagación, dice, es “por el mal manejo de los administradores de esta cárcel”. Él es uno de los 247 residentes que se han contagiado del virus.

“(El brote) comenzó con un recluso que tiene diabetes (…). Él se siente enfermo y llaman a enfermería. Les dice sus síntomas y esa misma noche es movido al piso para enfermos”, se indica en la carta.

A partir de entonces, cuenta, hicieron pruebas de detección del COVID-19 a los presos de ese área, un total de 60 personas que, a medida que iban resultando positivas, las trasladaban a otros pisos de la instalación.

En la carta, el preso menciona un total de cinco traslados de los residentes contagiados a diferentes pisos del centro donde, al mismo tiempo, “había personas sanas”. Según explica, estos movimientos causaron la propagación del virus entre las personas de las otras áreas. “Así este brote del COVID-19 se ha multiplicado en esta cárcel, por el mal manejo de los administradores”.

Qué Pasa contactó con la Oficina del Alguacil y con el Departamento de Salud Pública del condado de Forsyth para entender cuáles son los procedimientos que se están llevando a cabo en el Centro de Detención.

Desde ambas instituciones explicaron que en la cárcel hay unas unidades de vivienda específicas reservadas solo para las personas positivas, donde trasladan a los presos que dan positivo de COVID-19.

“Si son contactos cercanos, es posible que permanezcan en su lugar (su celda)”, explicó a Qué Pasa Lindsay Novacek, enfermera del Departamento de Salud.

Un procedimiento que para el recluso “está mal”. “Ya el 50% de los presos ha adquirido el COVID-19 y esperamos que sea el 90% porque siguen haciendo lo mismo”, escribe. De momento, ha habido un total de 249 casos positivos entre una población reclusa de más de 570 personas.

“Seguimos haciendo todo lo posible para asegurarnos de que nadie se enferme. Sabemos que somos responsables, no solo de la seguridad, sino del bienestar de las personas una vez que están bajo nuestra custodia”, señaló la vocera de la Oficina del Alguacil, Christina Howell.

“Sé que, desde una perspectiva interna, si no están seguros de cómo se dividen y clasifican las unidades de vivienda, puede parecer que las personas simplemente están siendo trasladadas (de un lugar a otro)”, añadió.

 

37 días en cuarentena

El autor de la carta dio positivo por COVID-19 el 22 de diciembre. Días antes, el 8 de ese mes, lo pusieron en cuarentena luego de que un compañero de su área resultase positivo. El 15 de enero, fecha en que se firmó la carta enviada a este medio, el reo seguía en cuarentena.

“Estoy en cuarentena desde hace 37 días. Solo nos dejan salir una hora al día y (…) de los 7 días de una semana, quizás salimos 4 porque están cortos de personal”.

Howell explicó que, cuando una persona da positivo, se siguen las pautas de los CDC, que indican que el periodo de cuarentena debe de ser de 14 días.

“Creo que la única razón por la que eso sucedería es que la persona tuvo fiebre durante 37 días o continuó mostrando signos (de la enfermedad)”, aclaró. En la carta, sin embargo, el preso no menciona haber tenido síntomas durante el periodo.

Otra explicación que dan es que, durante la cuarentena, las personas entran en contacto con otro recluso positivo. “En ese caso, la cuenta vuelve a empezar”, dijo la enfermera Novacek.

 

Como “animales”

En diciembre, los residentes estuvieron recluidos un tiempo, mientras los funcionarios llevaban a cabo el primer evento masivo de pruebas de COVID-19 en las instalaciones.

“Duramos 6 días sin salir de nuestras celdas, sin bañarnos, sin tomar agua, ni fría ni caliente”, indica la carta. “Nos dieron un trato de animales”.

Una afirmación que, Howell, dijo ser “incorrecta”.

“Cada una de nuestras celdas tiene un lavabo y un inodoro. No podemos, simplemente, ignorar las necesidades básicas de las personas. Tenemos estatutos generales que requieren que proporcionamos ciertas condiciones de vida a las personas a nuestro cuidado”.

También negó que hubieran mantenido a alguien tantos días sin salir.

“Nunca hemos retenido a nadie durante 72 horas, porque no creemos que esté bien”.

El día que firmó la carta, el preso indica que llevaban “23 horas enjaulados”.

 

Tensiones

“Este procedimiento que tienen de mantenernos 23 horas encerrados y solo sacar a 6 personas cada hora está mal elaborado”, dice el preso y explica que esta situación ha llevado a las personas a estar molestas, a provocar desorden y peleas “constantes” entre compañeros.

“Estamos en una muy mala situación (jodidos)”, dice. “Que nos devuelvan la tranquilidad. Que nos saquen dos horas en el día, dos horas en la noche como antes”.

Frente a las quejas, la vocera de la Oficina del Alguacil dijo que “probablemente haya una falta de conciencia del panorama general” y añadió: “Intentamos brindar la mejor experiencia posible. Pero tenemos limitaciones extremas basadas en preocupaciones de seguridad. Y el hecho es que es una cárcel”, dijo Howell a Qué Pasa.