Este artículo forma parte de una serie de notas que conforman el Suplemento de COVID-19 desarrollado por Qué Pasa.

La crisis del  COVID-19 puso en jaque a las familias hispanas.  Todo el sistema que sustentaba sus vidas se vio alterado y amenazado. La pérdida del trabajo, el riesgo del contagio, especialmente entre los trabajadores esenciales, las dificultades económicas, la pérdida de la salud o el sentir la propia vida amenazada por el virus, son algunas de las gravísimas circunstancias que los padres y madres tuvieron y tienen que enfrentar en estos meses de pandemia.

A estas situaciones se le suma la alteración del orden y de las rutinas cotidianas, los niños en casa todo el día, la escolaridad interrumpida o realizada de manera virtual, el efecto perturbador de la pandemia en la conducta de los niños y adolescentes, y la necesidad de seguir cuidando y protegiendo a la familia.

Sin duda, la exigencia ha sido y es enorme. Muchas de estas responsabilidades y preocupaciones han generado un alarmante aumento del estrés y de la ansiedad en todas las personas, pero especialmente en aquellas que tienen a su cargo el cuidado del hogar y de los niños.

Dicen los CDC: “Es posible que se sienta más estresado durante esta pandemia. El temor y la ansiedad pueden ser abrumadores y provocar emociones fuertes”.

Las mamás y los papás llevan adelante una enorme tarea: mantener a sus niños a salvo. Cuidarlos, protegerlos, darles lo necesario para que sigan creciendo sanos y fuertes en medio de la pandemia es una labor de tiempo completo que ha puesto a muchos padres hispanos al borde de sus fuerzas.

Es necesario destacar el excelente trabajo que están haciendo en esta crisis y la importancia que tienen todas estas labores cotidianas de prevención y de educación sanitaria  en la lucha contra el  COVID-19.  Son los papás y las mamás los que en cada casa transmiten y enseñan a los más chicos cómo se tienen que cuidar para evitar los contagios. En este sentido, los padres se han convertido en agentes de salud imprescindibles en la batalla contra el  COVID-19.

También recordar que para seguir cuidando a sus familias tienen que cuidarse. Y cuidarse es también cuidar las emociones y darse tiempo para recuperarse. Es poder poner una pausa a las urgencias y darse un poco de tiempo para uno mismo.

Dicen los CDC: “La salud mental es una parte importante del bienestar y de la salud en general. Nos afecta en la manera de pensar, sentir y actuar. También afecta la manera en que manejamos el estrés, nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones durante una emergencia”.

El estrés durante el  Covid-19
puede incluir:

  • Temor y preocupación permanente y extrema por su salud y la salud de sus seres queridos, por su situación económica y preocupaciones y miedos constantes en relación al futuro.
  • Cambios en los ritmos de sueño como dificultades para dormir, insomnio, despertarse varias veces en la noche, etc.
  • Cambios en la alimentación como estar inapetente, o por el contrario comer en exceso.
  • Dificultades para concentrarse.
  • Estados de ansiedad, depresión, miedo intenso, irritabilidad, ira, violencia, agresividad, agotamiento y desgano.
  • Mayor consumo de tabaco y/o alcohol y otras sustancias.

Para lidiar con el estrés los CDC recomiendan:

  • Estar informado acerca del  COVID-19, pero buscando siempre información confiable.
  • Conocer los recursos necesarios para lidiar con el  COVID-19, como saber qué hacer si alguien se enferma, saber cómo hay que cuidarse para evitar el contagio y dónde buscar ayuda, etc.
  • Cuidar la salud emocional.
  • Comer alimentos saludables y comidas bien balanceadas. Hacer ejercicio. Dormir bien.
  • Evitar el consumo de alcohol y
  • drogas.
  • Hacer actividades que disfrute.
  • Hablar con personas de confianza sobre sus preocupaciones y sobre cómo se está sintiendo.

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