Raleigh.- Ha pasado un poco más de 365 días, desde que la guatemalteca Juana Tobar Ortega se vio obligada a buscar refugio en una iglesia de Greensboro, lejos de su casa en Asheboro y separada de su familia con el fin de evitar su deportación.

“Ha sido bien duro porque no es fácil estar encerrado. Es difícil para poder sobrellevar esta situación. Estar lejos de mi familia es lo más triste”, dijo Tobar a Qué Pasa.

Tobar agredeció el apoyo y los cuidados que le han dado los miembros de la iglesia  Iglesia Episcopal St Barnabas que ha sido durante un año su nuevo hogar. Sin embargo,  dijo que muchas veces se siente impotente y deprimida.

“Es frustrante no poder salir. Yo no estaba acostumbrada a estar encerrada así en mi casa. Yo siempre he trabajado  llegando del trabajo hacer de comer a mis hijos, a mi esposo y de ahí ir a la iglesia”.

Tobar hizo un llamado a la administración del gobierno de Trump: “Por favor no hagan eso con la gente porque es muy duro. No sean tan malos de querer separar a uno de la familia como si uno fuera de lo peor”.

“Todavía a los criminales les dan una oportunidad y a nosotros no nos han dado ni siquiera una oportunidad más que buscar santuario”

Tobar de 45 años  ha vivido en el país por más de 25 años después que huyó de su país debido a la violencia.

Su pesadilla comenzó a raíz de un reingreso ilegal al país en 1999, cuando ella tuvo que viajar a Guatemala de emergencia debido a que una de sus dos hijas mayores  se enfermó.

Pese a que le tomaron las huellas y la expulsaron a México, Tobar logró reingresar al país y volver a Asheboro. Sin embargo, en el 2011, agentes de inmigración la arrestaron en su centro de trabajo.

El 20 de abril de 207 ICE le notificó que tenía que irse del país y le colocaron un grillete electrónico en el tobillo derecho. El plazo final para su salida era el 31 de mayo, el mismo que ingresó a la Iglesia Episcopal St Barnabas con el fin de evitar ser separada de su familia.