Greensboro.- Como último recurso para no ser indefinidamente separada de su familia, la guatemalteca Juana Tobar desafió una  orden de deportación en su contra y se refugió en una iglesia  de Greensboro que le ofreció santuario.

Esta madre tenía hasta el 31 de mayo para salir de Estados Unidos, regresar a su país de origen -a más de 1,600 millas de distancia de Carolina del Norte- y abandonar la vida que construyó en Asheboro durante casi un cuarto de siglo.

Desde el sábado pasado se mudó a una recámara improvisada dentro de la Iglesia Episcopal St Barnabas’, que será su nuevo hogar hasta que pueda resolver su situación migratoria.

“Voy a estar prácticamente sola, no es lo mismo que estar uno en su casa”, comentó Tobar a Qué Pasa, en una entrevista a escasas horas de haber ingresado al santuario, aún portando un incómodo grillete en su tobillo que las autoridades migratorias le pusieron el 20 de abril, cuando se presentó a las oficinas de ICE y recibió las sorpresivas instrucciones para salir del país.

Apenas con algo de ropa, una pequeña televisión, su Biblia y una máquina de coser que le obsequiaron, Juana se instaló dentro de su santuario que también se asemeja a una especie de cautiverio.

Dentro de las paredes de la iglesia, Tobar tiene cierta seguridad que los oficiales de inmigración no entrarán a arrestarla, debido a que no acostumbran a realizar sus actividades dentro de lugares de este tipo.

Sus familiares remodelaron un baño para agregar una regadera y piensan visitarla lo más posible, aunque sea los fines de semana.
Santuario

Al dar refugio a Juana, la iglesia St Barnabas’ crea un precedente, puesto que se trataría del primer caso de “santuario” en Carolina del Norte, al menos en tiempos recientes.

La decisión de acoger a esta madre se dio después que la congregación se enteró de la situación que atravesaba ella y su familia. Una votación unánimeme determinó ofrecerle santuario y planean escudarla de la deportación mientras sea necesario.

“Creo que como cristianos debemos de cuidar al extranjero y amar a todos”, dijo el reverendo Randall Keeney, vicario de St. Barnabas’, describiendo como trágico el caso de Juana, inmigrante que llegó a Estados Unidos desde 1993 y que perdió su estatus de asilo en 1999. cuando regresó  a  Guatemala para encargarse de su hija que estaba enferma.

“Es injusto y cruel” dijo Keeney.

En rueda de prensa la mañana del miércoles 31 de mayo, Juana entró oficialmente a su santuario. Inmediatamente después, una caravana de personas en apoyo de su causa se dirigió a las oficinas del senador Thom Tillis en High Point para pedirle que intervenga y detenga la orden de deportación contra ella.

“Hay que pedirle a Dios que todo salga bien”, dijo Tobar sobre la gran lucha que le espera hasta lograr su permanencia dentro del país con su familia.

Mientras está dentro del santuario, dijo que participará en los servicios y reuniones, ayudará en el quehacer y espera poder mejorar su inglés para comunicarse con la congregación de St. Barnabas’ que le abrió las puertas.

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