Todos los días busco darme ánimo con la esperanza de que  haya buenas noticias para nuestra comunidad en el tortuoso camino de dar pasos sobre el filo de la navaja ante el embate de las medidas de este gobierno infame o las ocurrencias de cualquiera que  nos quiera usar como pera de entrenamiento de boxeo.

Esta semana tuve que hacerle lógica a  las denuncias que los agentes migratorios ahora tienen como objetivo a los familiares indocumentados de los niños y madres que cruzan la frontera sin ser inspeccionados y terminan detenidos por  la Patrulla Fronteriza.

La advertencia de no firmar la salida de sus  parientes es para aquellos indocumentados que tienen orden de deportación o han hecho un reingreso irregular al país.

Pero yo  con esos instintos malevos que da la experiencia creo que los agentes fronterizos también están interrogando a los menores de edad, acerca de como atravesaron Centroamérica y México.

Y de ahí, si es que recibieron la ayuda de un coyote para, caerles a los padres o familiares, que contrataron el trasporte.

En 2014, cuando hubo la crisis humanitaria en el borde fronterizo, por la llegada masiva de muchachos de El Salvador, Honduras y Guatemala,  conversé con algunos chicos, que  cruzaron tres países cómodamente en vehículos, con aire acondicionado.

No se subieron a La Bestia, ni tampoco estuvieron a punto de experimentar que sus extremidades fueran amputadas o cercenadas en el camino al norte

O atravesando el desierto bajo rayos de un sol calcinante.

No estoy diciendo que la gente tenga que sufrir para lograr los sueños, más bien lo que apunto es que no todas las experiencias son iguales y que de los interrogatorios de ICE a los que ingresan irregularmente, puede surgir otra persecución con los que han usado coyotes para traer sus familiares al país.

Tampoco estoy promoviendo que la gente se venga ilegalmente a Estados Unidos.

Lo que estoy advirtiendo es  acerca de las medidas que puede tomar un gobierno como el actual para pescar a los que hayan usado individuos que cobran por pasar gente en la frontera.

Se imaginan a su hijo de 13 años al que le pregunten cómo pasó la frontera de Guatemala y México para llegar al río Bravo y que el menor le suelte la sopa al agente migratorio, y la consecuencia sea la detención y la expulsión del país.

Pro no es solo eso, lo que me ha mortificado.

El miércoles pasado asistí a un foro de candidatos y uno de los aspirantes al Concejo Municipal de Charlotte,  con el menor desparpajo dijo que le parecía bien que la policía local, el CMPD, colaborara con ICE en la aplicación de las leyes migratorias.

El pobre hombre no sabe de los sufrimientos que ocasionaría a los latinos que viven sin estatus migratorio en la Ciudad Reina,

Cuando dijo lo que dijo, le expliqué que su posición era como una declaratoria de guerra con los hispanos que se han afincado en Charlotte, la Ciudada Reina.