Una de las fuentes de sufrimiento más comunes en el ser humano es la dificultad para aceptar las cosas tal como son. Aceptar las cosas como son no significa resignarse ni bajar los brazos frente a lo que quisiéramos cambiar, Todo lo contrario. Es a través de la aceptación que es posible introducir modificaciones en uno mismo, en el mundo y en la vida de cada uno.

El pensador estadounidense Reinhold Niebuhr escribió:

“Señor, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”.

De eso se trata. De poder aceptar que hay cosas que se pueden cambiar, y que uno puede ponerse a trabajar para conseguir esos cambios, pero que hay otras que no se pueden cambiar.

Es una pérdida de tiempo y de energía protestar, amargarse, y enojarse por las cosas que no nos gustan y no se pueden cambiar.

Mucha gente malgasta su vida sufriendo y quejándose de cosas que no tienen solución en vez de ocuparse de las que sí la tiene.

Las relaciones con los demás
Del mismo modo que resulta difícil aceptar las cosas como son, también cuesta aceptar a los demás tal como son. En general se espera que los demás actúen y se comporten como uno lo haría. Pero esto no es así. Por ejemplo: si le hacemos un favor a un conocido, nos duele si no obtenemos el mismo trato por su parte cuando lo necesitamos. Esperamos que actúe como nosotros mismos lo hicimos y nos desilusiona si no lo hace.

Esperamos de los demás un funcionamiento similar al nuestro. Y vivimos desilusionados o enojados con los otros si no lo hacen.

En esta clase de actitud está el punto de partida de la mayoría de conflictos interpersonales. Nos cuesta aceptar que el otro es distinto, que se conduce de otra manera y que tiene una forma diferente de expresar su cariño o su apoyo.

Al esperar que los demás se comporten de determinada forma les estamos negando el derecho a su identidad. Ser o actuar de modo distinto a nosotros no tiene por qué ser negativo. Cada persona tiene una combinación única de defectos y virtudes. Podemos aceptar su singularidad y disfrutar de las cosas buenas que nos ofrece. O vivir sufriendo y quejándonos porque esa persona es diferente a uno.

La aceptación y la pareja
Este tipo de problemas es común en las parejas. Muchas de ellas terminan rompiendo el vínculo por la imposibilidad de aceptar al otro como es.

Nos gustaría que nuestra pareja fuera más cariñosa, o más simpática, o más alegre, y vivimos amargados y peleando porque no es tal como queremos. Esta insatisfacción va generando un clima de frustración y de desencanto en la vida de pareja.

Por otro lado la no aceptación de las diferencias impide la comunicación, la intimidad, y la posibilidad de hacer algo distinto con lo que nos resulta difícil de entender.

La aceptación de uno mismo
Otro enorme desafío con el que nos enfrentamos a diario es el poder aceptarse uno mismo, con las virtudes y los defectos que cada uno posea

Es muy habitual que se tenga una imagen distorsionada de uno mismo. A veces nos creemos menos de lo que somos, a veces nos creemos mejores de lo que somos. Esto lleva a vivir en un mundo irreal, teñido de falsas ideas con respecto a uno mismo. Es como si nos miráramos en un espejo que deforma y sólo tuviéramos de nosotros mismos esa imagen deformada.

Poder aceptarse es fundamental para evolucionar interiormente y para construir el resto de los vínculos con el mundo y con los demás.

PARA APRENDER: Una anécdota 
La historia tiene como protagonista a un violinista que en pleno concierto en Nueva York vio cómo se rompía una de las cuatro cuerdas de su violín. En lugar de detenerse, decidió adaptar la melodía a las otras tres cuerdas, algo realmente difícil con este instrumento. Cuando le preguntaron por qué había elegido esa opción, respondió: “Hay momentos en los que la tarea del artista es saber cuánto puede llegar a hacer con lo que le queda”.

Todos estamos expuestos a circunstancias indeseadas. Para el violinista la cuerda rota fue una de esas situaciones indeseadas. En lugar de paralizarse, lamentar su suerte y no aceptar lo que estaba pasando, el músico decidió ver qué es lo que quedaba sin romperse y siguió adelante con lo que había.

Aceptar lo que ocurre es una oportunidad de encontrar soluciones.

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