Formar una nueva pareja después de una separación es un enorme desafío. Cuando hay hijos de por medio la situación se vuelve más compleja aún. Al romperse el vínculo entre sus padres, los niños suelen quedar muy afectados. Y, en general, no les resulta nada fácil aceptar a una nueva pareja ya sea del padre o de la madre.

En general las reacciones negativas que pueden tener los hijos tienen que ver con el miedo a perder el amor de los padres. Los niños, ante una nueva pareja se pueden sentir amenazados, piensan que esta nueva persona va a robarles el amor de papá y mamá o que sus papás les van a abandonar.

Las reacciones adversas ante estos cambios van a depender de muchos factores, entre ellos, la edad del niño, la personalidad, la madurez, la sensibilidad, cómo tratamos el tema, cómo fue la separación, cómo era la relación con los padres antes de la separación, cómo es la dinámica familiar, etc.

En todos los casos, para llevar adelante el proceso de aceptación,  va a ser necesario tener paciencia, comprensión y mucha empatía.

¿Cómo manejar la situación?

El panorama no es simple. Sin embargo, algunas actitudes y conductas ayudan a resolver los conflictos que pueden surgir entre los hijos y la nueva pareja. Hay que tener presente que son los adultos los que tienen que poner lo mejor de sí, para ayudar a los menores en este proceso de aceptación y de adaptación a la nueva configuración familiar.

Muchos especialistas coinciden en que las siguientes 5 conductas pueden facilitar el proceso de aceptación de la nueva realidad familiar.

1. Mantener una buena comunicación

La comunicación es fundamental en esta etapa. Hablar y escuchar al niño es una de las claves para solucionar el conflicto. Los chicos necesitan sentirse escuchados y respetados. También es muy importante darles seguridad. Para eso,  hay que explicarles que nadie intentará sustituir a ninguno de los padres y que siempre estarán disponible para ellos.  A través del dialogo hay que intentar transmitirles que  papá y mamá están a su lado para que pueda expresarse y exteriorizar sus preocupaciones sin ser juzgado o menospreciado. Y que eso nunca va a cambiar.

2. Paciencia y respeto

Hay que entender que es necesario darles tiempo. Y, sobre todo,  entender que eso implica tener paciencia para saber acompañar el proceso sin acelerar etapas. Los niños necesitan acomodarse a la nueva realidad. Ese proceso requiere tiempo. Tienen derecho a no aceptar todo de inicio. Es importante no imponer nada porque sí. Durante ese proceso, hay que explicarles la situación y hacerles sentir amor y seguridad.

Así mismo, es importante no forzar nada. No obligarlos a hacer demostraciones afectivas hacia la nueva pareja. Si hacemos las cosas bien, serán ellos mismos los que elegirán cuándo quieren y pueden empezar a mostrar su afecto.

3. Hablar antes de actuar

Antes de presentar a la nueva pareja es mejor tener una charla sobre el tema. Preparar el terreno antes del encuentro permitirá saber si es buen momento para hacer la presentación. De este modo, el niño se sentirá tenido en cuenta y se evitarán reacciones negativas innecesarias.

4. Planificar encuentros

Es conveniente no improvisar al principio. Hay que dar tiempo y respetar los tiempos de los niños. Para que el niño se vaya familiarizando con la nueva pareja una buena posibilidad es  hacer planes juntos, y pensar en algún plan que al niño le guste mucho. La integración debe ser gradual. Y para eso es mejor compartir pequeños programas al principio.

5. Respetar las rutinas de los niños

Si la nueva pareja se incorpora a la convivencia diaria es fundamental  que los hábitos y rutinas anteriores no se vean demasiado afectados. Esto es muy importante, especialmente en niños más pequeños.

Los niños necesitan rutinas. Las rutinas les dan estabilidad y cuando estas se ven afectadas puede sentir que su mundo está amenazado. En este proceso de adaptación es muy importante darles seguridad y estabilidad emocional.

Algunas de las conductas que pueden tener los hijos ante la aparición  de una nueva pareja de alguno de sus padres pueden ser:

• Rechazo, odio y rencor hacia la nueva pareja.

• Ansiedad.

• Conductas agresivas.

• Malos comportamientos.

• Faltas de respeto.

• Rabietas y caprichos exagerados.

• Ataques de celos.

• Aislamiento.

• Pesadillas.

• Mucho apego o por el contrario poco apego.

• Irritación por todo.

• Mal humor frecuente.

• Trastornos del sueño.

• Trastornos del apetito.

• Rebeldía extrema.

• En niños pequeños pueden haber regresiones de conducta como volver a hacerse pis en la cama, etc.

• Problemas en el rendimiento escolar.

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