Una pausa es una interrupción.

Con asombro, con incredulidad y con preocupación vemos que el mundo se puso en pausa. Una pausa no buscada ni deseada. Todo lo contrario, una pausa impuesta por las duras circunstancias que la pandemia impone. Una pausa que tiene como objetivo salvaguardar la vida. Protegernos.

Nuestras vidas, nuestros proyectos, nuestras costumbres se ven afectadas por esa pausa. Gran parte de nuestras acciones están pausadas. Y allí estamos, en este mundo que detuvo su marcha. Desconcertados, asustados, temerosos por lo que vendrá.

Nadie puede decirnos cuánto durará esta pausa. No lo saben. Tampoco sabemos si una vez levantada la interrupción nosotros y el mundo volveremos a ser los mismos. Probablemente no.
Probablemente esta pausa impuesta nos modifique. Es posible que esta interrupción en nuestro modo de vida nos haga ver las cosas de una nueva manera.

Y ahora recuerdo que el poeta Paul Valery escribió alguna vez: “Todo comienza con una interrupción”. Una frase enigmática que nos permite pensar.

En algún sentido es cierto que toda interrupción habilita, permite, promueve la aparición de lo nuevo. Lo que comienza. O mejor dicho, lo que puede comenzar. Muchas veces interrumpimos algo que veníamos haciendo para luego retomarlo. Sin embargo en ese paréntesis algo cambia. Y aunque luego retomemos la actividad, ya es distinta. Ya somos distintos.

Sin duda una pausa sirve para reflexionar. Es como detenerse en mitad de una carrera para pensar hacia dónde y por qué se está corriendo.

Si podemos manejar los sentimientos de ansiedad, de temor, de frustración, de enojo que esta detención provoca, podemos ver que detenerse es también dar una oportunidad a la pregunta.
Detenerse es también darse un respiro. Es hacerse de un tiempo nuevo para habitar la vida con más calma.

El escritor Fernando Pessoa escribió: “Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo  y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla,  nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos.”

Estas ropas usadas que debemos abandonar en esta oportunidad son los hábitos y las costumbres que teníamos. Ya no nos sirven. Nos ponen en peligro. Para cuidarnos y cuidar a los demás tenemos que interrumpir lo que veníamos haciendo y adoptar nuevos hábitos.

Este cambio urgente e impuesto por la propagación del Coronavirus nos asusta y a veces nos enoja. Nos enoja dejar de hacer las cosas que tanto nos gustaban. Nos enoja tener que quedarnos en casa y renunciar a nuestra forma de vivir. Como decíamos: es una pausa.

¿Es posible, a pesar de la ansiedad, encontrar la forma de disfrutar de esta pausa?

Creo que sí. Es el momento perfecto para  organizar nuestros recursos psicológicos y aprender a disfrutar de esas cosas que siempre dejamos para después. Todo aquello que el ritmo habitual de la vida nos impide hacer. Esta pausa es una oportunidad de volver a lo esencial. A todo aquello que descuidamos o que hacemos muy por encima por la falta de tiempo.

Si bien es cierto que la inesperada situación de aislamiento, la distancia social que debemos mantener para protegernos, tener que romper con nuestra rutina habitual, tener que hacernos de nuevos hábitos, convivir las 24 horas con nuestra familia o con nuestra soledad nos enfrenta a un montón de sentimientos y angustias, también es cierto que esta interrupción nos abre la posibilidad de vivir algo nuevo.

El gran psiquiatra Víctor Frankl  que sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau afirmó: “Nosotros no podemos elegir lo que nos pasa, pero sí podemos decidir cómo vivir lo que nos pasa”.

Y en este momento, como en tantos otros de la historia, nos vemos obligados a transitar por situaciones límites. Hoy, ahora, todo parece desmoronarse. El mundo, la economía, nuestros hábitos, todo lo que creíamos seguro se está cayendo. Y lógicamente nos asustamos, temblamos por dentro y nos sentimos frágiles.

Pero es también ahora cuando podemos decidir cómo vivir lo que nos pasa. Es ahora cuando podemos usar esta pausa para calmarnos, para reconectar con lo esencial, con aquello que, dentro de nosotros, nos resguarda de la intemperie.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *