La Organización Mundial de la Salud (OMS) entiende por maltrato infantil los diversos abusos y formas de desatención del que son objeto los menores de 18 años.

La definición incluye todos los modos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia.

Son muchos los niños y las niñas que sufren algún tipo de maltrato.

Algunos datos de Unicef

  • Cerca de 300 millones de niños de 2 a 4 años en todo el mundo (3 de cada 4) son habitualmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta por parte de sus cuidadores. Violencia que está justificada por más de 1 de cada 4 adultos que tienen niños a su cuidado y que afirman que el castigo físico es necesario para educarlos adecuadamente.
  • 9 de cada 10 adolescentes forzadas a mantener relaciones sexuales conocían a su agresor. Tal vez por ello, tan solo el 1% trató de conseguir ayuda profesional.
  • Cada 7 minutos, en algún lugar del mundo un adolescente es asesinado. En América Latina se encuentran los 5 países del mundo con mayores tasas de homicidio entre adolescentes, afectando mayoritariamente a los varones.

Lamentablemente la violencia física y/o emocional contra los niños y las niñas puede ocurrir en todas partes. Puede suceder en el interior de la familia, en la comunidad, en las instituciones educativas o de otro tipo.

En algunas sociedades se toleran los malos tratos hacia los niños como una forma de educar y disciplinar a través del castigo.

A partir de esta idea, se naturalizan los gritos, empujones, los zamarreos, tirones de pelo, castigos corporales, humillaciones, insultos y otras formas de violencia física, verbal y emocional.

De este modo, cuando quienes deberían proteger y acompañar el desarrollo de los niños son quienes ejercen violencia, estos quedan expuestos a una gran vulnerabilidad emocional.

Las marcas de la violencia sufrida en la infancia quedarán grabadas en la memoria emocional de los niños socavando su seguridad, su autoestima y disminuyendo sus posibilidades de desarrollarse y de alcanzar el bienestar en la vida adulta.

Este proceso no sólo es devastador para el niño sino que lo es también para el futuro de la sociedad.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud sostiene que el maltrato hacia los niños causa estrés y se asocia a trastornos del desarrollo cerebral temprano. Agrega que los casos extremos de estrés pueden alterar el desarrollo de los sistemas nervioso e inmunitario.

En consecuencia, dice la OMS, los adultos que han sufrido maltrato en la infancia corren mayor riesgo de sufrir problemas conductuales, físicos y mentales, tales como:

  • actos de violencia (como víctimas o perpetradores);
  • depresión;
  • consumo de tabaco;
  • obesidad;
  • comportamientos sexuales de alto riesgo;
  • embarazos no deseados;
  • consumo problemático de alcohol y drogas.

Concluye la OMS que el maltrato puede contribuir a las enfermedades del corazón, al cáncer, al suicidio y a las infecciones de transmisión sexual.

Es necesario recalcar que ningún tipo de violencia es justificable ni debe tolerarse. Mucho menos la violencia ejercida hacia los niños y niñas.

Poner fin al maltrato y a la explotación que sufren los niños debería ser una prioridad.  Cada uno de nosotros puede hacer una gran contribución identificando las conductas violentas y evitando siempre formar parte del ciclo de la violencia.

Construir un futuro de protección para las infancias es necesario. De todos depende hacerlo posible.

Algunos datos de la OMS

  • Una de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales en la infancia.
  • Una cuarta parte de todos los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos de niños.
  • Se calcula que cada año mueren por homicidio 41 000 menores de 15 años. Esta cifra subestima la verdadera magnitud del problema, dado que una importante proporción de las muertes debidas al maltrato infantil se atribuyen erróneamente a caídas, quemaduras, ahogamientos y otras causas.
  • En situaciones de conflicto armado y entre los refugiados, las niñas son especialmente vulnerables a la violencia, explotación y abusos sexuales por parte de los combatientes, fuerzas de seguridad, miembros de su comunidad, trabajadores de la asistencia humanitaria y otros.

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