Las preocupaciones frecuentes son uno de los males que aquejan a la mayoría de las personas. Preocuparse es una experiencia normal que ocurre generalmente cuando sentimos dudas y temores respecto al futuro. Es una parte normal de la vida.

Así, es posible sentirse  preocupado por la salud propia o la de la familia, por la situación económica, por el trabajo o los estudios, por las relaciones afectivas, por sucesos que podrían pasar, por miedos en relación al futuro o por cualquier asunto que nos concierne.

Podemos decir que, en general, nos preocupa lo que no podemos controlar. Y, en ese sentido, nuestros pensamientos imaginan situaciones que podrían estar fuera de nuestro control. A partir de estos pensamientos anticipatorios se construyen una serie de preocupaciones que suelen amargarnos la vida.

Pero, cuando las preocupaciones se vuelven inmanejables se puede tratar de un trastorno de ansiedad generalizada.

Las personas con trastorno de ansiedad generalizada se preocupan extremadamente por muchas cosas, incluso cuando hay poca o ninguna razón para preocuparse. Suelen tener la sensación de que algo malo va a suceder. Esto los  lleva a estar permanentemente inquietos, irritables, con gran tensión muscular, con problemas para conciliar el sueño, y con una sensación de gran nerviosismo.

El trastorno de ansiedad generalizada puede afectar seriamente nuestra capacidad de desempeño laboral, escolar y social. También puede interferir en nuestras relaciones con familiares y amigos.

Por otro lado, muchas investigaciones han señalado que normalmente la ansiedad y las preocupaciones se incrementan durante las crisis ambientales. Y exactamente eso es lo que está pasando desde el inicio de la pandemia.

Se estima que antes de la pandemia, 284 millones de personas en todo el mundo sufrían algún tipo de trastorno de ansiedad, según el Global Burden of Disease, un estudio que coordina la Universidad de Washington.

Estas estimaciones se vieron afectadas por la pandemia de manera impactante.

La revista científica Psychiatry Research publicó un análisis, basado en 55 estudios internacionales con más de 190.000 personas, que determina que la ansiedad es cuatro veces mayor ahora que antes de la pandemia.

De este modo, podemos afirmar que el grado de preocupación de la población se ha incrementado de manera alarmante a causa del COVID-19 ocasionando un daño en la salud mental. 

Sin embargo, aunque cueste creerlo, la mayoría de las preocupaciones que tenemos no tienen asidero en la realidad.

La Universidad Estatal de Pensilvania (EE.UU.) realizó una investigación en la que anotaba las preocupaciones más recurrentes de un grupo de pacientes y, con el paso del tiempo, comprobaba si se hacían realidad.

El resultado indicó que  el 91% de las inquietudes y preocupaciones que padecían los pacientes nunca se materializaron. Es decir, esas personas habían sufrido sin razón por cosas que nunca ocurrieron.

De este modo podemos observar que la mayoría de las preocupaciones que nos perturban son producto de nuestro modo de pensar. Es la manera y la actitud con la que encaramos las situaciones de la vida la que va a determinar nuestro nivel de preocupación sobre las cosas.

No es un pensamiento concreto lo que nos puede desequilibrar, sino la forma cómo lo pensamos.

Para muchos especialistas esta es la clave para desarticular la mayoría de nuestras preocupaciones. ¿Cómo hacerlo?

Se trata de poder observar nuestros pensamientos y desmontarlos. Es decir, poner un poco en duda aquello que nos preocupa. Observar. No intentar suprimirlos. La clave es no intentar detener los pensamientos, sino observarlos y dejarlos estar hasta que se marchen. Es importante entender que el pensamiento intrusivo que nos hace preocupar es automático, pero la respuesta es controlable por el manejo de la atención.

Síntomas del trastorno de ansiedad generalizada

• Preocuparse demasiado por las cosas cotidianas.

• Tener problemas para controlar sus preocupaciones.

• Ser conscientes de que se preocupa mucho más de lo que debería.

• Sentirse inquieto y tener dificultad para relajarse.

• Tener problemas para concentrarse.

• Tener problemas para dormir.

• Sentirse cansado todo el tiempo.

• Tener dolores de cabeza, musculares o del estómago o molestias inexplicables.

• Tener temblores o tics (movimientos nerviosos).

• Sentirse irritable y nervioso la mayor parte del tiempo.

Si los síntomas persisten y no consigue calmar su preocupación es necesario que haga una consulta con un profesional de salud.

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