Frase de la semana
“Toda dificultad eludida se convertirá más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo. ”
Frédéric Chopin

El Ghosting  es, dicen algunos, la cruel manera de acabar con las relaciones en la era digital. 

Ghosting viene de Ghost (fantasma, en inglés), y es una consecuencia directa del uso de smartphones. Ghosting es desaparecer sin dejar huellas. Convertirse en fantasma.

Ponerle fin a la relación de manera abrupta, sin dar ninguna explicación, es una modalidad de ruptura que siempre existió. Siempre hubo personas que cortaban una relación de golpe, sin mediar palabra alguna. El comportamiento de huida  no es una novedad. La frase que antiguamente se usaba para describir este comportamiento era: “fue a comprar cigarrillos y nunca más volvió”. Tanto hombres como mujeres han usado esta manera de esfumarse de una relación, sin explicar los motivos. Simplemente se van.  

Pero en la era digital poner fin a una relación es  cortar las vías de comunicación virtuales. Es bloquear el WhastApp, Facebook, Twitter, Instagram, no atender los teléfonos, no contestar.  Borrar el perfil. Dejar de existir de manera virtual. Desaparecer o hacer desaparecer al otro de los modos de comunicación virtuales. Con eso alcanza. Si uno quiere borrarse  ya no es necesario mudarse, cambiar de trabajo, de ciudad. Con bloquear, cambiar el perfil o borrar los contactos alcanza. Eso se llama Ghosting.

Según una encuesta realizada por la empresa inglesa YouGov, el 11% de los estadounidenses han utilizado esta técnica para abandonar a su pareja. 

La revista Elle también hizo una encuesta sobre el tema: 26% de las mujeres y 33% de los hombres ya sufrieron el efecto ghosting alguna vez.

Las relaciones afectivas que se mantienen a través de las redes sociales, como Facebook, whatshapp, Line, Tinder u otros soportes de mensajería son  relaciones que se caracterizan por ser fácilmente manipulables. Sobre todo cuando se establecen con personas con las que no se tiene otro tipo de contacto que no sea a través de las redes. Se contactan virtualmente, arreglan un encuentro, pero no se llega a establecer un conocimiento del mundo real del otro. Por lo tanto, si la persona desaparece de las redes se vuelve inubicable. Ghost. Fantasma. 

Consecuencias del Ghosting
El acabar una relación de la noche a la mañana, cortando todo tipo de comunicación, no es nada nuevo, aunque según los expertos, las nuevas tecnologías han hecho que ahora sea una práctica más común.

En una época en la que muchas relaciones de pareja empiezan a través de aplicaciones para celulares, el ghosting es algo a lo que cada vez más personas deben hacer frente.

En la era de aplicaciones como Tinder y Grindr, el estar ocultos tras las pantallas de los teléfonos hace que  resulte más sencillo  acabar las relaciones sin dar ningún tipo de explicación.

Los expertos en psicología advierten que el ghosting tiene consecuencias tanto para quien lo sufre como para quien lo practica.

El primero ve su autoestima dañada. Además tiene que atravesar el periodo de duelo que conlleva el fin de una relación, sin tener explicaciones sobre los motivos de la ruptura. No entiende por qué lo dejaron  y tiende a pensar que fue su culpa. Supone que hizo algo mal y que eso causó la huida del otro.

El segundo tendrá que hacer frente a los remordimientos y al sentimiento de culpa por haber dejado a alguien de ese modo. Por haber huido sin dar explicaciones. 

Los expertos sostienen que  los que practican el ghosting tienen miedo al conflicto. Por eso evitan a toda costa los enfrentamientos.

La socióloga Sherry Turkler, aseguró en una entrevista con el Huffington Post que: “Con las nuevas tecnologías nos hemos acostumbrado a deshacernos de la gente simplemente no respondiendo. Y eso empieza con los adolescentes, que crecen con la idea de que es posible que le envíen a alguien un mensaje de texto y que no reciban nada por respuesta”.

Según la experta, “eso tiene serias consecuencias, porque cuando nos tratan como si pudiéramos ser ignorados, empezamos a pensar que eso está bien y nos tratamos a nosotros mismos como personas que no deben tener sentimientos. Y al mismo tiempo tratamos a los demás como personas que no tienen sentimientos en este contexto, por lo que empieza a desaparecer la empatía”. 

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