Pareja
La dependencia emocional surge de una necesidad desesperada debida no poder tolerar que el otro falte. Credit: Archivo

La dependencia emocional es la necesidad excesiva y continúa de estar en contacto emocional con el otro y recibir afecto permanentemente de determinada  persona. Sabemos que el amor, especialmente el amor de pareja, implica cierto grado de dependencia  afectiva, pero la dependencia emocional es mucho más que eso. Se trata de una necesidad insaciable y desesperante. Y, en este sentido, se trata de un vínculo tóxico.

Dicho de otro modo, la dependencia emocional se da cuando uno de los miembros de la pareja siente una necesidad exagerada de recibir atención del otro. Y, finalmente, esta necesidad se impone y limita la libertad de ambos.

Como toda dependencia, la dependencia emocional es tóxica. Es decir, es dañina y causa sufrimientos. Y, por supuesto, suele llevar a la destrucción de la pareja.

De este modo, es uno de los graves peligros que acecha a las parejas.

Es importante entender que las relaciones con dependencia emocional suelen ser tortuosas y destructivas.  En vez de potenciarse, las personas se anulan entre sí. Ambos miembros de la pareja se ven afectados en este tipo de vínculo.

La dependencia emocional no es amor

Aunque a veces las personas no tienen muy claras las diferencias, es fundamental recalcar que se trata de sentimientos y de modos de relacionarse muy distintos. 

La dependencia emocional surge de una necesidad desesperada debida no poder tolerar que el otro falte. El amor, tiene que ver con el deseo y justamente que algo nos falte es lo que causa el deseo.

Por otro lado, el amor debería ser un sentimiento recíproco, en el que ambos se retroalimenten. En la dependencia, en cambio, una de las personas se encuentra en estado de necesidad permanente, y la otra debe brindarle lo que necesita. No hay reciprocidad.

Otra diferencia es que la dependencia tiene que ver con el egoísmo, ya que se busca la propia satisfacción. En cambio el amor está vinculado a la generosidad y a buscar el bienestar de ambos.

Características de la dependencia emocional

Baja autoestima: la autoestima es la valoración que tenemos de nosotros mismos. La persona con dependencia emocional no se valora ni se respeta a sí misma.  Por eso, necesita desesperadamente la atención y el apoyo permanente del otro.

Da prioridad de la pareja sobre todo lo demás: la persona dependiente pone a su pareja por encima de todo lo demás. De este modo, se descuida a sí mismo y abandona sus propios intereses.  Va dejando atrás sus intereses, su familia y amigos; incluso puede llegar a abandonar sus estudios o trabajo. Poco a poco se convierte en la sombra del otro.

Celos patológicos: los celos son una reacción natural ante el miedo a perder a la pareja, pero por el terror a ser abandonadas, las personas con dependencia emocional suelen desarrollar celos patológicos. Los celos enfermizos se diferencian de los celos normales en que son excesivos, irracionales e inmanejables. Debido a esto, los dependientes emocionales desconfían de todo. Suelen  sentir la necesidad de saber en todo momento dónde está su pareja y qué está haciendo. Esta obsesión se vuelve inmanejable y puede llevar a situaciones extremas, incluyendo la violencia física.

Exige todo a su pareja: por sus dependencias no puede tolerar que la pareja lleve una vida normal, que se vea con amigos o familiares y no le dedique todo su tiempo.

Obsesión por una única persona: el dependiente siente que de esa persona depende toda su felicidad. Por eso se obsesiona. No puede disfrutar de  nada si no es en compañía de esa persona.

Desesperación afectiva: a la persona con dependencia nada le alcanza en el plano del afecto. Siempre necesita más. Cuando recibe atención se calma, pero es una sensación poco duradera. Su necesidad es inagotable, debido a esto tienden a devorar emocionalmente a sus parejas, hasta dejarlas exhaustas y agotadas.

Necesidad constante de afecto: si no recibe muestras de afecto constantes pueden tener crisis de ansiedad.

Pánico al abandono: no toleran la idea de perder al otro. Viven con miedo a ser abandonadas. Ese terror hace que se comporten de manera obsesiva. 

Idealización: tienden a idealizar a su pareja hasta tal punto que no conocen a la persona real. Así, el otro se convierte en alguien sobrevalorado, admirado, pero desconocido.

Sumisión: la persona dependiente se coloca por debajo del otro. Le otorga todo el poder a su pareja, especialmente el poder de darle felicidad. De este modo, su vida queda en manos de aquella persona de la cual depende. Esta actitud suele generar un círculo tóxico de sometimiento.

Miedo a la soledad: la persona dependiente no tolera estar a solas consigo misma. Necesita compulsivamente la cercanía del otro. La soledad le provoca angustia y ansiedad. Hace cualquier cosa con tal de no estar sola. Debido a esto le exige a la pareja una presencia contante, ya sea física o a través de llamados, mensajes, etc. Necesita sentir que es importante para el otro todo el tiempo.

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