El 1 de marzo se celebró en todo el mundo el Día para la Cero Discriminación.

El día para la Cero Discriminación se instituyó en 2013, pero la Asamblea General de las Naciones Unidas la proclamó el 1 de marzo de 2014.

A partir de ese momento se celebra este día con el objetivo de concientizar y mejorar las condiciones de vida de miles de personas que son discriminadas.

Mediante esta celebración ONUSIDA hace un llamado a celebrar la diversidad que existe a nuestro alrededor, entender y valorar las diferencias de las personas, respetar a los demás y apoyarse mutuamente.

El símbolo distintivo de esta fecha es la mariposa. La mariposa significa transformación. Transformar el mundo y ser uno mismo la transformación que desea ver en el mundo.

El género, la nacionalidad, la edad, las discapacidades, el origen étnico, la orientación sexual, la religión, el idioma o cualquier otra condición nunca debería ser un motivo de discriminación.

Sin embargo por muchos de esos motivos nos discriminan y discriminamos.

El lema del día de la discriminación cero para este 2016 es: “Distínguete, y anima a todas las personas a defender sociedades igualitarias y justas”.

Se pide a todas las personas valorar y abrazar la diversidad y reconocer los diferentes talentos y capacidades que cada uno lleva consigo. ¿Lo hacemos? ¿Es posible hacerlo? ¿O existe en todos una tendencia que lleva a despreciar y a odiar al que es diferente?

Más allá de las fechas, estas preguntas están vigentes en la vida de cada uno.

Sin duda existen sociedades que promueven la inclusión de las minorías, y otras, por el contrario son discriminatorias y expulsivas.

Se llama discriminación al trato desfavorable o de desprecio inmerecido hacia una persona, que puede ser separada o maltratada, tanto física como mentalmente, a causa de su raza, su género, su orientación sexual, su nacionalidad o su origen, su religión, su condición, su situación o su posición social, sus ideas políticas, su situación económica, su apariencia física etc.

Discriminación en la vida diaria
En nuestra sociedad vemos que frecuentemente se emplea la discriminación, ya sea en el hogar, en el colegio, en el trabajo, etc. Es algo corriente con lo que convivimos a diario. Y, en muchos casos, es uno mismo el que discrimina. ¿Nos parece mal? ¿Nos divierte? ¿Por qué lo hacemos?

Algunas de estas conductas son:

  • Poner apodos descalificatorios.
  • Burlarse de alguien por su elección sexual. O no permitir que se acerque a nuestra familia.
  • Burlarse de alguien por su apariencia física, gordo, flaco, bajito, negro, morocho, blanquito, etc.
  • Hacer chistes con la discapacidad de alguien.
  • Avergonzarse del aspecto de una persona y no querer que nos vean con ella.
  • Maltratar al que por algún motivo consideramos inferior.
  • No incluir a alguien en las reuniones por alguna de sus características.
  • Atender mejor al que está mejor vestido.
  • Burlarse del otro por su edad, o por sus creencias.
  • Pensar que porque es viejo no entiende nada y ni vale la pena hablarle.
  • Y la lista sigue…..

Son muchas las formas de discriminar, algunas son sutiles y van haciendo que la persona discriminada se vaya apartando y aislando. Otras son contundentes y visibles.

Es fácil y políticamente correcto estar a favor de la NO DISCRIMINACIÓN. Pero, ¿qué pasa en la vida diaria? ¿De cuantas personas nos burlamos por que son diferentes? ¿A cuántas maltratamos por pensar o sentir de una manera distinta a la que conocemos?

Se trata, como siempre, de empezar por casa. Si queremos una sociedad que no discrimine, empecemos a no discriminar y a educar a los niños en este concepto.

Dijo Nelson Mandela: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario. Detesto el racismo, porque lo veo como algo barbárico, ya sea que venga de un hombre negro o un hombre blanco.” 

Frase de la semana
Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces,
pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos.
Martin Luther King