Frase de la semana

“El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve;

con lo que se imagina basta.”

Jacinto Benavente

Los celos son una respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Esta es la definición que da el diccionario del sentimiento que tortura a hombres y a mujeres desde tiempos inmemoriales. Los dañinos y peligrosos celos que ponen en riesgo el bienestar, a cordura y, en algunos casos, hasta la vida misma.

Los rasgos más característicos de los celos son la desconfianza y la sospecha permanentes que perjudican gravemente la relación con la persona amada. El celoso, en su interior, está seguro de que es engañado. Sospecha. Desconfía. Se siente amenazado. Tiene miedo a perder el amor y el control sobre su pareja. Cree que su pareja lo engaña. Todos sus esfuerzos se dirigen a encontrar las pruebas que confirmen el hecho.

Jacques Cardonne  llamaba a los celos “el vicio de la posesión”.

Otro de los aspectos de los celos es el deseo de controlar al otro. Saber qué hace a cada momento, con quién habla, ver qué hace cuando no está con nosotros. En pocas palabras: espiarlo. El espionaje sobre la vida del otro es la herramienta que usa el celoso para confirmar su sospecha: “me engaña”.

Revisar los bolsillos, la billetera, buscar indicios en el auto, oler la ropa, seguirlo, han sido métodos de espionaje. En la actualidad, a esos antiguos métodos, se le agrega el espionaje virtual. ¿Qué hace en las redes? ¿Qué ocurre en su Smartphone? ¿Visita páginas porno? ¿Con quién chatea? ¿Tiene perfil en Happn? ¿En Tinder?

Gran parte de la intimidad de las personas se ha corrido hacia las redes sociales. Lo privado se vuelve público a través de los “posteos” que cada uno hace en Instagram, Facebook, o cualquier red social.

Los especialistas afirman que en la actualidad los celos, las redes sociales, la tendencia a controlar y a poseer al otro, hacen una combinación explosiva.

Un mensaje a deshora, un nuevo like en Facebook, la aparición de un ex en una red social, un nuevo amigo o amiga en Snapchat, pueden dar lugar a una lluvia de preguntas, inseguridades y celos. Cualquiera de estos hechos puede desencadenar una tormenta implacable de celos que pueden desembocar en una tragedia.

“¿Con quién estás chateando?”, “¿Por qué  eres amiga de tu ex novio en Facebook?, “¿Quién es ese que te empezó a seguir en Twitter?” “¿Por qué te llevas el celular al baño?” “¿Por qué no me das la clave de tu celular?” Son algunas de las preguntas con las que los celosos suelen atormentar a sus parejas. 

Hay personas que empiezan a perseguirse con la idea de que su pareja puede estar engañándolo a través de alguna plataforma virtual. Para asegurarse se convierten en ‘stalkers’, buscando permanentemente “evidencias virtuales” que muestren que el otro miente.

Un stalker es una persona que vigila o espía, mediante Internet, sobre todo utilizando las redes sociales. Algunos académicos los llaman los observadores silenciosos o fantasmas. La persona muy celosa suele stalkear a su pareja. Para vigilar el comportamiento de su pareja el stalker busca miles de formas de engaño, desde espiar qué hace en las redes sociales hasta generar perfiles falsos para hacerla caer en una trampa de una falsa conquista virtual. Descubrir las claves, entrar en el mundo virtual del otro, investigar, revisar el historial, ver qué sitios frecuenta, perforar la intimidad del otro para saber y controlar lo que hace en ese lado del mundo que es el mundo virtual es la actividad central del stalker.

El objetivo del stalker es controlar lo que el otro hace en las redes y  comprobar si está siendo engañado. Y a esa actividad dedica gran parte de su tiempo y de su energía.

Si bien las redes sociales mejoraron en muchos aspectos la vida de millones de personas en el mundo, y cambiaron definitivamente nuestra forma de comunicarnos, para las parejas pueden convertirse en un martirio. 

Según los expertos las redes sociales se han vuelto un campo fértil para aquellas personas con celotipia o con la simple curiosidad de saber más del otro. La posibilidad de espiar al otro está allí nomás, al alcance de la mano, en el teléfono del otro. Así, los “Smartphones” se han convertido en ventanas desde las que se puede espiar y vigilar la vida “secreta” de la pareja.

Esta posibilidad hace que  la persecución y la desconfianza aumenten haciendo que la relación se pueda convertir en un infierno. Las parejas actuales tienen que lidiar con esto. No es fácil. Una nueva modalidad de celos, amenazas e inseguridades se abre en el interior de la casa. La posibilidad del engaño ya no es algo que pueda ocurrir en el exterior del hogar, sino que, a través de los dispositivos tecnológicos, se ha instalado en el interior de la casa.

Para lidiar con esta nueva situación que fomenta los celos, la inseguridad y la hostilidad mutua, es necesario que cada pareja establezca negociaciones, normas, pautas que construyan un clima de confianza y de diálogo.

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