Frase de la semana

“Siempre he tenido la sensación de que todos estamos más o menos solos en la vida, sobre todo en la adolescencia.”

Robert Cormier

¿Cómo son los adolescentes de hoy? ¿Son especiales? ¿Distintos? ¿Qué les interesa? ¿Cómo podemos entenderlos?

La adolescencia es siempre un tiempo de transición. De cambio. Es el umbral de la vida adulta. Un período que suele ser de rebeldía y confrontación, y que suele traer a los padres de adolescentes muchos dolores de cabeza.

En la actualidad nos encontramos con una generación de adolescentes que han pasado toda su adolescencia en la era del Smartphone. Se trata de la llamada “igen”. Todos ellos han nacido después de 1995. Esta generación trae nuevas cuestiones y muchos padres y docentes no saben bien cómo relacionarse con estos jóvenes hiperconectados.

Para contestar a estas y a muchas otras preguntas Jean Twenge, profesora de psicología de San Diego State University, acaba de publicar su libro “iGen: por qué los chicos superconectados están creciendo menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y completamente no preparados para la adultez”.  Este libro es el resultado de en una profunda y extensa investigación basada en encuestas y entrevistas a 11 millones de jóvenes estadounidenses.

Dicen que  iGen es el primer libro que documenta los cambios culturales que dan identidad a los jóvenes y adolescentes de hoy en día.

En un artículo de BBCMUNDO ante la pregunta, “¿Por qué decís que la Generación Smartphone no está preparada para la adultez?”, la autora explica:

“Los adolescentes de la Generación Smartphone están madurando más lentamente que generaciones previas. Son menos propensos a conducir automóviles, trabajar, tener sexo, salir, y tomar alcohol.

Esas tendencias les han permitido crear un entorno seguro que los hace no involucrarse en situaciones en las que habitualmente participan los adultos. El lado negativo de eso es que ingresan a la universidad y al mundo laboral con menos experiencia, son menos independientes y les cuesta tomar decisiones.

Los de 18 actúan y se parecen a los que antes tenían 15 en generaciones previas. Lo positivo es que se exponen a menos situaciones potencialmente riesgosas relacionadas, por ejemplo, con el uso de drogas y alcohol.”

En la misma nota explica que: “La tasa de suicidio en de niñas entre 12 y 14 años se ha triplicado en los últimos 10 años en EE.UU”.

Y cuando se le pregunta por qué se estaría dando este fenómeno la especialista contesta: “En la medida que pasan más tiempo usando pantallas aparecen los temas de ansiedad o depresión. Hemos visto que a partir de 2012 el fenómeno se ha vuelto más fuerte y aparentemente puede estar relacionado con que están menos tiempo con otras personas o no hacen deportes.

Tiene que ver con las cosas que dejan de hacer por estar conectados, más que por los efectos directos de estar conectados.”

El libro también muestra otras características de la generación igen.  Los jóvenes de hoy en día son también diferentes en cómo pasan su tiempo, cómo se comportan y en sus actitudes hacia la religión, la sexualidad y la política.

La investigación revela que los adolescentes socializan de maneras completamente nuevas. Rechazan los tabúes sociales sagrados, y quieren cosas diferentes de sus vidas y carreras. Están obsesionados con la seguridad, se centran en la tolerancia, y no tienen paciencia para la desigualdad.

Sin duda la tecnología y el uso masivo de los smarthphones han cambiado la forma de vida contemporánea. Todas las conductas sociales se vieron afectadas por estos dispositivos de comunicación. Los adolescentes son la prueba viviente se esto. No conocen otra cosa. Nacieron en un mundo  hiperconectado y sus conductas, sus estilos y sus maneras de abordar la vida se ven influenciadas y determinadas por esta modalidad.

Dice la autora en el citado artículo: “La Generación Smartphone es tolerante con las personas que son diferentes y especialmente defienden los derechos de la población, homosexual, bisexual o transexual. Más que las generaciones previas ellos creen que las personas deben ser lo que son”.

A diferencia de los millennials, los adolescentes actuales no tienen tantas expectativas, son más realistas, y están dispuestos a trabajar. El problema es que su maduración parece ser más lenta. Según la autora: “al tener una infancia más protegida, van creciendo más lento. Y no les gusta hacer cosas que no sientan muy seguras. Lo que hacen es posponer los placeres y las responsabilidades”.

Así son, según Jean Twenge, los adolescentes actuales. Con sus problemas, y sus aspectos positivos, son ellos los continuarán con el proceso de cambio cultural.

¿Están los adultos en condiciones de entenderlos, orientarlos, y protegerlos? Esa es la pregunta que queda abierta, y que se presenta como un desafío para padres y educadores.

 

 

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