¿Cómo se arman nuestros vínculos? ¿Cómo  se forman los lazos afectivos que nos unen a los demás? ¿Qué necesitamos para crecer y desarrollarnos con normalidad? ¿Es importante lo que experimentamos en los primeros meses de vida? ¿Cómo se gesta nuestra seguridad?

Son estas algunas de las preguntas que se hicieron los especialistas que desarrollaron la teoría del apego. Para contestarlas indagaron y destacaron la importancia que tienen los primeros lazos afectivos en el desarrollo de la personalidad.

El psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby fue el primero que describió el apego como una “conexión psicológica duradera entre los seres humanos”. Él define el apego como un vínculo emocional profundo y perdurable que conecta una persona a otra a través del tiempo y del espacio.

¿Cómo surgió esta teoría?
Bowlby se interesó en el tema del apego a partir de la observación de las diferentes perturbaciones emocionales en niños separados de sus familias como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Sus investigaciones lo llevaron a sostener que tener vínculos estables con los padres o cuidadores es una necesidad primaria en la especie humana. De esta necesidad básica surge la idea del apego.

Así, la teoría del apego plantea que el bebé tiene una necesidad innata de encontrar, al menos en un adulto, el cariño y la atención que precisa para su desarrollo físico, emocional y cognitivo.

El apego es, entonces, el vínculo emocional inicial que desarrolla el niño con sus padres o con sus cuidadores y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad.

Para Bowlby, el establecimiento de un vínculo firme entre la madre y el hijo, o con el adulto a cargo, es clave para el establecimiento del sentimiento de seguridad que necesita todo ser humano para progresar ante la adversidad de la vida adulta.

Apego es entonces el vínculo emocional desarrollado entre el bebé y sus tutores, ya sean padres biológicos, padres adoptivos u otros cuidadores.

Este apego, sentará las bases para el desarrollo de la futura personalidad de esa persona. Este lazo inicial es fundamental. Un bebé necesita tanto el amor y el cariño como la leche y los primeros alimentos. Se podría decir que este alimento emocional es el que organiza el psiquismo de la persona.

Bowlby sostenía que el bebé nace con una serie de conductas cuya finalidad es lograr respuestas paternas. De este modo, las sonrisas reflejas, la succión, el llanto, el balbuceo o la necesidad de ser acunado responden a su forma de vincularse con sus cuidadores o padres.

Todo el repertorio conductual del niño está encaminado a mantener la proximidad con el cuidador, el padre o la madre, es decir, al apego.

Otra figura importante en el estudio del apego es Mary Ainsworth, una de las psicólogas más reconocidas por su contribución a dicha teoría. Añadió a la teoría del apego tres modos de comportamiento:

  • Seguro
  • Evitativo
  • Ambivalente

Luego otros autores identificaron otros tipos de apego, como el apego ansioso o el apego desorganizado.

Tipos de apego
Apego seguro: se caracteriza porque el pequeño busca la protección y la seguridad de la madre y la recibe de manera constante. La madre o cuidador suele ser una persona cariñosa y que se muestra afectiva constantemente. Se muestra disponible para atender las necesidades del bebé. Esto permite que el niño desarrolle un concepto de sí mismo y de autoconfianza positivos. Al crecer, estos bebes tienden a ser cálidos, estables y con relaciones  satisfactorias

Apego evitativo: se caracteriza porque el pequeño se cría en un entorno en el que el cuidador más cercano deja de atender constantemente a las necesidades de protección de éste. No está disponible para atender a las necesidades del bebé. Esto es contraproducente para el desarrollo del pequeño. No le ayuda a adquirir el sentimiento de confianza hacia sí mismo que necesitará posteriormente en su vida. Los bebés que han tenido este tipo de apego  se sienten inseguros y desplazados por las experiencias abandono en el pasado. Esto se verá notoriamente en su vida adulta.

Apego ambivalente: se caracteriza porque estos pequeños responden a la separación con gran angustia y suelen mezclar sus conductas de apego con protestas y enfados constantes. Buscan la proximidad de la figura primaria y al mismo tiempo se resisten a ser tranquilizados. Esto se debe a que sus cuidadores procedieron de forma inconsistente, se habían mostrado sensibles y cálidos en algunas ocasiones y fríos e insensibles en otras.
 

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