En la era de la hiperconexión, de la velocidad, de las redes sociales y de los miles de contactos, cada vez hay más personas que se sienten solas. A tal punto es preocupante el tema, que los especialistas en salud advierten sobre la existencia de otra “pandemia” que está afectando al mundo: la soledad.

En esta línea, para combatir el aumento de suicidios registrados durante el año 2020, el gobierno de Japón tomó la decisión de crear un Ministerio de la Soledad en febrero del 2021. Su objetivo: enfrentar la creciente tasa de suicidios, reducir la soledad y el aislamiento social de la población.

Mr. Tetsushi Sakamoto, a cargo del Ministerio, dijo en la conferencia inaugural: “Espero promover actividades que eviten la soledad, el aislamiento social y protejan los lazos entre las personas”.

Pero este conflicto no es nuevo y Japón no fue el primero en tomar una decisión sobre el problema de la soledad. 

En el año 2018 bajo el Gobierno de Theresa May, el Reino Unido se convirtió en el primer país en adoptar la medida de crear un ministerio que se ocupase de la soledad en su territorio. Así fue que crearon el primer Ministerio de la Soledad para paliar un mal que estaba aquejando a la sociedad. En aquel entonces, según datos del gobierno británico, más de nueve millones de personas en el Reino Unido se sentían aisladas.

En aquel momento Theresa May expresó: “Quiero enfrentar este desafío para nuestra sociedad y para que todos tomemos medidas con el objetivo de hacer frente a la soledad que sufren los ancianos, los cuidadores, los que han perdido a sus seres queridos, las personas que no tienen a nadie con quien hablar ni compartir sus pensamientos y experiencias.”

“La soledad es la triste realidad de la vida moderna”, agregó.

De este modo, la creación de este Ministerio fue una forma de reconocer que el aislamiento social se estaba convirtiendo en un grave problema de salud pública.

Para la Organización Mundial de la Salud, la soledad es uno de los mayores riesgos para el deterioro de la salud.

Esta entidad señaló en 2019 que la soledad se asocia con mayores cifras de presión arterial, alteraciones del sistema inmune y mayor riesgo de muerte prematura. Pero también, la soledad puede llevar a la muerte de un individuo por otros motivos, como depresión y sedentarismo.

La soledad, según los estudios, puede reducir la esperanza de vida.

En este sentido, los CDC afirman que:

• El aislamiento social aumenta el riesgo de una persona de morir prematuramente por todas las causas, un riesgo que podría rivalizar con el del tabaquismo, la obesidad y la inactividad física.

• El aislamiento social se asoció a un aumento de casi el 50 % del riesgo de demencia.

• Las relaciones sociales escasas se asociaron a un aumento del 29 % del riesgo de enfermedad cardiaca y a un aumento del 32 % del riesgo de accidente cerebrovascular.

• La soledad se asoció a mayores tasas de depresión, ansiedad y suicidio.

• La soledad en los pacientes con insuficiencia cardiaca se asoció a un riesgo de muerte casi 4 veces mayor, a un aumento del 68 % del riesgo de hospitalización y a un aumento del 57 % del riesgo de visitas a la sala de emergencias.

Sin duda, los cuidados y las restricciones sociales que tuvimos que adoptar por la pandemia de coronavirus agudizaron la sensación de soledad. Podríamos decir que se trata de una pandemia silenciosa que se desarrolla dentro de la pandemia visible causada por el virus.

Esta otra pandemia afecta nuestra salud mental, emocional y física.

¿Qué podemos hacer con esta realidad que nos toca vivir?

En este momento es de vital importancia reforzar los lazos sociales. Buscar modos de inclusión y de acercamiento ya sea a través de actividades grupales, laborales o recreativas. Saber y percibir que tenemos una red de pertenencia es lo que rompe el sentimiento de soledad.

También es momento de ser solidarios y empáticos. Tener en cuenta al otro. No dejar caer al que, por algún motivo, está o se siente solo. Estar atentos y hacer lo posible por incluir a la persona que ha quedado sola. Mantener el contacto, saludarla, preguntarle cómo está, invitarla, proponerle algún encuentro. Pequeños gestos que abren camino a recuperar la humanidad y reconstruyen aquello que nos vincula a los demás.

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