La autoestima es el conjunto de creencias, percepciones, juicios y pensamientos que tenemos acerca de nosotros mismos. Sería el espejo mental en el que nos miramos. ¿Y qué vemos en ese espejo interior? La respuesta a esa pregunta es lo que describiría nuestra autoestima.

En este sentido, decimos que la autoestima es alta cuando esas percepciones y valoraciones son positivas. Y, por el contrario, decimos que se tiene una autoestima baja cuando las creencias sobre nosotros mismos son negativas.

Quién soy, cómo soy, cómo es mi apariencia física, cómo es mi desempeño en el trabajo o en mis actividades, son algunos de los ítems que componen la autoestima. 

Todos tenemos una cierta imagen de nosotros mismos. Y esa imagen está compuesta por múltiples apreciaciones que hicimos de nosotros mismos a lo largo de los años.

¿Cuáles son mis fortalezas? ¿Cuáles son mis puntos débiles? ¿Me considero capaz? ¿Cuáles son mis logros y mis fracasos? ¿Cuáles son mis cualidades? ¿Cuáles son mis habilidades y mis limitaciones? ¿Cuánto me valoro?  ¿Merezco ser querido  y respetado? ¿O, por el contrario, creo que no puedo ser querido ni valorado? ¿Qué pienso cuándo me miro al espejo? ¿Me gusta? ¿Me veo horrible? ¿Crítico mi aspecto de manera despiadada?

Las respuestas a estas preguntas, y a otras similares,  nos hablan de la imagen y el concepto que hemos confeccionado sobre nosotros mismos en el transcurso de la vida.

Sin embargo, muchas veces no somos plenamente conscientes de todas las ideas y percepciones que tenemos sobre nosotros.

Los especialistas nos dicen que la autoestima se construye en la infancia. Sus características van a depender de la forma en que el niño es tratado sobre todo en el contexto de su familia.

Si el niño es tratado con respeto, con apoyo y se siente valorado por sus padres seguramente su autoestima se construirá de manera positiva. Por el contrario si es maltratado, descalificado, humillado y tratado de manera despectiva, probablemente su autoestima será negativa.

De algún modo podemos decir que así como somos mirados y valorados en la infancia, así nos miraremos y valoraremos en el futuro.

También los proyectos que tenemos ayudan a sostener y mejorar la autoestima. Tener metas, ya sea individuales o colectivas y confiar en la capacidad de lograrlas es un refuerzo para la autovaloración y la autopercepción. 

Se dice que la autoestima funciona como si fuera el sistema defensivo del psiquismo. Es decir,  como si fuera un dispositivo que nos permite afrontar con mayor eficacia las adversidades.

Una autoestima alta es un viento a favor psicológico que nos proporciona resistencia, fortaleza, confianza en nosotros mismos y capacidad de recuperación. Con estas herramientas es más fácil enfrentar y sobrellevar las situaciones difíciles.

La buena autoestima se manifiesta a través de los sentimientos, los pensamientos y las acciones.  Nos permite orientarnos mejor en el mundo, especialmente cuando el mundo se vuelve hostil y reclama de nosotros una enorme flexibilidad y capacidad de adaptación.

Sin lugar a dudas, la pandemia nos ha puesto frente a una multiplicidad de dificultades.

 Durante este tiempo, perdimos muchas de nuestras certezas y de nuestros hábitos. A causa del COVID-19 los cambios son constantes y ocurren a una velocidad inaudita. Lo que ayer nos servía para organizar y garantizar nuestra vida, hoy ya no sirve de nada y debemos aprender nuevas conductas y nuevos hábitos.

Sin una buena autoestima esta tarea de reconstrucción se vuelve casi imposible. En tiempos de crisis es imprescindible confiar en la propia capacidad de salir adelante. Saber y sentir que contamos con herramientas para reponernos a los problemas es una fortaleza extra que ayuda a no desmoronar y a seguir trabajando por nuestro bien y el de nuestros seres queridos.

Una baja autoestima nos vuelve vulnerables ante los problemas de la vida. Si no creemos en nosotros mismos, el mundo se convierte en un lugar aterrador. Más aún en los momentos de crisis generalizada. Si no nos consideramos valiosos y capaces, al tener que enfrentar enormes problemas, nuestra resistencia psíquica se va debilitando.

En la situación de crisis mundial actual es necesario que cada uno procure mantener su autoestima en alto y confiar en las propias capacidades y talentos.

Por eso decimos que la buena autoestima es una suerte de capa protectora que nos permite seguir adelante aun cuando todo parece perdido.

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