Nos dice el diccionario que el miedo es una emoción. Se trata de una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

El miedo es irracional. Es una reacción. Una respuesta natural ante el peligro. Es difícil de controlar y puede provocar todo tipo de reacciones, tales como parálisis, temblores, o ataques de ansiedad.

El miedo es necesario porque alerta sobre la existencia de un peligro.

Hay quienes opinan que el miedo es la emoción más primitiva de todas, encontrándose asociada a la principal finalidad de cualquier ser vivo: la supervivencia.

El miedo es una alarma natural que tienen todos los seres vivos. Ante un peligro la alarma suena. Y el ser vivo se activa para huir o para defenderse. Es por eso que el miedo pone en funcionamiento mecanismos corporales. El organismo se prepara para enfrentar la amenaza. Y es por eso que es fundamental para la supervivencia.

En el ser humano las cosas se complican. Su psiquismo es tal que puede hacerle ver peligros donde no los hay, o imaginar situaciones peligrosas cuando no hay ninguna. La alarma suena igual. Se trate de una amenaza real o imaginaria. Suena la alarma. El miedo se activa.

Se dice que el ser humano sufre más por lo que se imagina que por lo que realmente sucede. Y también se dice que suele vivir aterrorizado por cosas que nunca van a ocurrir. Se trata del miedo no ya ante una amenaza real, sino ante una amenaza imaginada. Por ejemplo, “tengo miedo de caerme y que la gente se ría de mí.” Se trata de una situación que imagino, que probablemente nunca ocurra. Puede ocurrir que me caiga, pero que nadie se ría. Pero puede ocurrir, si el miedo crece, que yo deje salir por temor a que esa situación ocurra.

En estos casos, cuando los miedos son imaginarios, el miedo deja de cumplir su función protectora y se vuelve en sí mismo una amenaza. La persona aquejada por miedos imaginarios restringe sus movimientos y su vida. Deja de disfrutar de la vida y se preocupa por situaciones no reales. Situaciones que imagina que pueden pasar.

Los peligros reales
Sin duda estamos expuestos a peligros reales. Cosas que sí pueden pasar. No se trata ya de una fantasía sino de situaciones de riesgo.

Cuando sentimos miedo es fundamental distinguir si estamos ante una situación de riesgo real. Justamente para eso existe el miedo. Para advertirnos sobre una situación peligrosa.

Es sabido que los arrestos de ICE está causando pánico en la población Hispana de Carolina del Norte. Muchas personas se sienten amenazadas ante esta posibilidad y tienen miedo de salir de sus casas.

El miedo nos advierte que hay un peligro, pero es necesario saber qué hacer con eso. El miedo es una alarma irracional. Una primera señal de peligro. El miedo nos dice: “Pon atención, allí hay un peligro. Cuídate. Defiéndete. Ponte a salvo. Cuida a tu familia.”

Muy bien. Estamos advertidos. El miedo nos ha dado su señal. La cuestión es que los pasos siguientes no deben ser irracionales. No podemos dejar que el miedo comande nuestras acciones. Ante una situación peligrosa es necesario pensar y organizarse.

En primer lugar es fundamental diferenciar lo real de lo imaginario. Dimensionar lo más objetivamente posible el riesgo que estamos enfrentando. Para eso hay que bajar la emoción y buscar información. Con la mente fría hay que documentarse y saber lo que realmente está pasando y cuáles son mis riesgos reales.

Una vez que se tiene un panorama claro y objetivo del peligro real, hay que evaluar cuál es la mejor manera de protegerse y de proteger a sus seres queridos.

Ante una situación de riesgo que causa miedo es necesario actuar racionalmente. Pensar. Consultar a los que saben del tema. No dejarse llevar por rumores.

El miedo no es sonso, dice el refrán. Y es cierto. Pero con el miedo no alcanza para cuidarse. Hace falta sumarle la razón, la sensatez y el pensamiento.

Frase de la semana
De lo que tengo miedo es de tu miedo. William Shakespeare