Para muchos padres puede resultar natural hablar con sus hijos de las primeras relaciones sexuales, de cómo evitar embarazos no deseados, de cómo prevenir el contagio de enfermedades sexuales como el VIH, de las drogas y del alcohol.

Para muchos, por el contrario, es un problema enorme ver que sus hijos ya no son niños o niñas y no saben cómo abordar estos temas.

Es esperable y deseable que los padres puedan orientar y guiar a sus hijos en la entrada a la adolescencia y en todos los temas que la adolescencia trae. Sin embargo, no es esto lo que ocurre. En muchos casos los padres no se sienten capaces de hablar de ciertas cosas con sus hijos y prefieren hacer como si nada pasara.

Pero la realidad es que las cosas pasan, y que cuanto más se hable de ellas de la forma adecuada, más fácil será para los adolescentes no correr riesgos evitables en su pasaje al mundo adulto.
Hablar es prevenir

1. Sexualidad
Los padres son una de las influencias más fuertes que tienen los chicos.
Cuando los niños y niñas entran en la adolescencia tanto su cuerpo como su psiquismo empiezan a sufrir grandes transformaciones. Sus intereses cambian. Sus emociones cambian. Se sienten incómodos en un propio cuerpo. Un mundo se nuevas sensaciones los hacen sentirse extraños, y, a veces, atemorizados.
En este periodo es fundamental que los padres puedan mantener la cercanía emocional, transmitirles afecto y confianza.

El diálogo y la buena información serán las llaves de oro para ayudarlos a transitar este período complicado y riesgoso.

Es de gran ayuda convertirse en padres “preguntables”. Es decir, que los hijos sepan que pueden recurrir a sus padres para hacerles preguntas, buscar orientación en temas de sexualidad, de métodos anticonceptivos y de prevención de enfermedades de contagio sexual. Para eso es necesario que los padres se mantengan abiertos, atentos e informados y que sean capaces de generar el diálogo.

Hay estudios que indican que los chicos y chicas que cuentan con buena información y que tienen espacios de diálogos familiares donde aclarar sus dudas prorrogan su inicio sexual y viven sus primeras experiencias de manera amorosa, sin traumas ni violencias.

Todo esto no puede construirse de un momento al otro. La educación sexual y la confianza no empiezan a los 12 años. Hay que poder contestar las preguntas que hacen los chicos con las respuestas apropiadas para la edad y según su capacidad de comprensión.

Muchos problemas se evitarían si los padres hablaran sin temores con sus hijos.

2. Drogas y alcohol
Otro de los riesgos con los que se topa el adolescente es el consumo de drogas y de alcohol.

Es habitual que los chicos sientan curiosidad por experimentar con drogas o con el abuso de alcohol. O se sientan influenciados por su grupos de amigos para hacerlo , o les parezca que si consumen drogas o alcohol son más grandes.

Es fundamental que los padres estén informados sobre las drogas que habitualmente consumen los chicos, saber cuáles son sus efectos y sus síntomas. Es importante que los adolescentes puedan hablar de esto con sus padres, de lo que ven cuando salen, o si alguien les ofrece drogas en algún lugar.

Cuánta más confianza y cercanía haya con los padres, más probabilidades de impedir que el adolescente desarrolle una adicción tanto a las drogas como al alcohol.

Hay que saber poner límites sin escandalizarse. Mantener la calma y buscar la forma de que su hijo entienda los riesgos del consumo de sustancias adictivas.

Otro punto esencial es estimularlos para que armen su proyecto de vida, acompañándolos y guiándolos en esta búsqueda. Ayudarles a que desarrollen sus intereses, ya sea de estudio, deportivos o artísticos, es una herramienta central. Apoyarlos en lo que les gusta hacer, ya sea tocar un instrumento musical, practicar un deporte, pintar, o lo que sea, es darles recursos que les serán útiles para el resto de sus vidas.

La falta de un proyecto personal puede hacer que muchos chicos canalicen sus ansiedades en el abuso de drogas y alcohol.

Frase de la semana
«Nuestra madurez es fruto de lo que hemos recibido en la adolescencia»
Gnecco Laborde

 

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