Estrés crónico y burnout
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El estrés es una reacción normal del organismo frente a las amenazas, los desafío o las demandas. De este modo, estrés puede ser positivo, como cuando ayuda a evitar el peligro o a enfrentarse a situaciones de exigencia.

Sin embargo, es importante diferenciar entre el estrés agudo y el estrés crónico.

Llamamos estrés agudo al que se produce frente a situaciones puntuales y de forma temporal. Lo importante de este estrés es que desaparece rápidamente una vez resuelta la situación estresante.

El estrés crónico, en cambio, es el estrés prolongado y constante que afecta negativamente a la salud. Puede ser causado por las presiones cotidianas, por problemas de dinero, problemas de la familia y el trabajo, por enfermedades, por situaciones sociales, etc.  De este modo, cualquier tipo de estrés que se continúa en el tiempo por semanas o meses es estrés crónico.

Así, cuando el estrés se prolonga en el tiempo, se produce un agotamiento físico, emocional o mental. También tiene consecuencias negativas en la autoestima y en la salud física y mental, deteriorando la calidad de vida de la persona.

Los años de pandemia pusieron a la población en general bajo una fuerte presión y amenaza que, entre otras cosas, ha provocado un aumento del estrés crónico.

En la actualidad, podemos ver las consecuencias de este proceso global de estrés en el deterioro de la salud mental de gran parte de la población. En este sentido, se puede ver el aumento de la agresividad, los cuadros depresivos, y el aumento de conductas autodestructivas.

Por otro lado, la persona con estrés crónico, a diferencia de la que sufre estrés agudo, se acostumbra a vivir en esta situación de estrés y por eso muchas veces no es consciente de lo que le está ocurriendo.

Burnout o estrés crónico en el trabajo

Uno de los tipos de estrés crónico más frecuentes es el burnout, también conocido como síndrome del quemado. Es el estrés que ocurre en el entorno laboral por las presiones laborales. Se trata de un estado de agotamiento físico, emocional y mental que está vinculado con el ámbito laboral.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció en 2019 el burnout como enfermedad laboral.

Según la OMS el burnout tiene tres dimensiones o etapas:

  1. Sentimientos de falta de energía o agotamiento. Sentir constantemente cansancio, incluso al iniciar el día. Las personas se sienten sobreexigidas. Es común que tengan dificultades para dormir, para concentrarse, se sientan muy tensionadas, y con dolores corporales.
  2. Aumento de la distancia mental con respecto al trabajo. Sentimientos negativos o cínicos con respecto al trabajo. Se sienten menos involucradas con su trabajo, les cuesta disfrutar de lo que hacen o sentirse orgullosos. No se siente compromiso con las propias actividades ni con las de las demás personas. Esta falta de motivación es parte del cuadro de estrés laboral.
  3. Sensación de ineficacia y falta de realización. Se caracteriza por la caída abrupta de la energía. En esta fase no es posible esforzarse o activarse a pesar de querer hacerlo. Se caracteriza por la falta total de energía, la sensación de no poder hacer frente a los problemas cotidianos.

Los signos y síntomas del estrés incluyen

  • Irritabilidad extrema, mal humor, nerviosismo.
  • Fatiga y sensación de cansancio constante.
  • Dolores de cabeza muy frecuentes.
  • Problemas digestivos y gástricos.
  • Cambios notorios en el apetito.
  • Miedos. Sentirse desamparado.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Aceleración mental. Pensamientos excesivamente rápidos y desorganizados.
  • Trastornos del sueño. Dificultad para dormir, insomnio, sueño interrumpido, etc.
  • Baja autoestima.
  • Pérdida del deseo sexual.
  • Tensión y dolor muscular.
  • Ansiedad.
  • Desgano. Depresión.

¿Qué hacer?

Algunas recomendaciones son:

  • Tratar de llevar una dieta saludable, hacer ejercicio con regularidad y dormir lo suficiente.
  • Dedicar tiempo a tus pasatiempos favoritos, hacer algún deporte, pintar, escuchar música, ver su programa o película favoritos, o cualquier cosa que a uno le guste hacer.
  • Relajarse. Usar alguna técnica de relajación que lo ayude a recuperar la calma.
  • Bajar las exigencias.
  • Divertirse.
  • Pasar tiempo de calidad con familiares y amigos.
  • Reírse. Buscar situaciones que te hagan reír como ver películas divertidas o consultar sitios web de bromas, etc.
  • Organizar y priorizar el tiempo.
  •  Eliminar todas las tareas que no son necesarias.
  • Si el estrés persiste hay que buscar asesoramiento profesional.

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