Frase de la semana
La tecnología no nos ahorra tiempo, pero si lo reparte de otra manera.”  Helman Nahr

Cotidianamente escuchamos a las personas quejarse del cansancio, de la falta de tiempo, de trastornos en el sueño, de ansiedad o de un estado de nerviosismo que no les permite disfrutar. Todos estos síntomas podrían hacernos pensar que gran parte de las personas que conocemos están estresadas. 

Y, según algunos estudios, parece ser que estamos en lo cierto.

La Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) sostiene que  la tercera parte de la población en los Estados Unidos vive en un estado de estrés extremo, mientras que la mitad  considera que su estrés ha aumentado en los últimos cinco años.

El estrés está afectando a las personas. Un malestar creciente que ha llegado para quedarse. Vivimos en crisis. En un mundo que ya no puede ofrecer ni seguridades ni garantías. El dinero, el empleo, la vivienda, las crisis migratorias, el temor y la preocupación por el futuro son algunos de los temas que generan un enorme estrés en la población.

Por supuesto el estrés continuado y sostenido genera problemas de salud, malas relaciones con los demás, fallos en la memoria, cansancio, problemas para mantener la concentración, mal humor, irritabilidad, desgano, depresión y un sinnúmero de trastornos físicos. 

El psicólogo Russ Newman, director ejecutivo de la APA afirma que “El estrés en los Estados Unidos sigue aumentando, y está afectando cada aspecto de la vida, desde el trabajo a las relaciones personales, los patrones de sueño y los hábitos de alimentación, así como a la salud”. Y continúa diciendo: “Sabemos que el estrés es parte de la vida, y que cierto estrés puede tener un impacto positivo. Sin embargo, los altos niveles de estrés que reportan muchos estadounidenses pueden implicar consecuencias negativas a largo plazo en la salud, que van desde fatiga hasta la obesidad y las enfermedades cardiacas”.

Una nota publicada por Pijamasurf comenta que hace  unos días la American Psychological Association liberó un estudio que realiza anualmente y, por primera vez en 10 años, refleja un contundente aumento en los niveles de estrés entre la población.

En este caso el informe hace énfasis en el rol que la tecnología, y en especial de las redes sociales, tienen en este incremento del nivel de estrés.

A los clásicos detonadores de estrés que nombramos más arriba se agrega ahora el uso de la tecnología. O más bien, la invasión de la tecnología en la vida cotidiana. Una irrupción que ha cambiado los hábitos, la forma de relacionarse y de comunicarse, la manera de comprar, de estudiar, de enamorarse, etc.

Comenta la nota que en Estados Unidos el 43% de la población califica como  “constant checker”, es decir, personas que revisan compulsivamente, o al menos con una frecuencia insana, sus correos, chats o cuentas en redes. Estas personas evidenciaron niveles de estrés 20% superiores al resto de la población 

La necesidad y la “obligación” de estar permanentemente conectado, saber lo que ocurre en nuestras redes a cada minuto, no perderse nada, causa un aumento en el nivel de estrés. ¿Por qué? Porque el cerebro necesita desconectar, descansar, desoír las demandas externas. La necesidad de estar siempre alerta, siempre chequeando lo que pasa, lo que opinan y hacen los demás, va opacando el placer y el bienestar de simplemente estar allí, disfrutando de lo que se vive. 

La vida cambió. Y, como todo cambio, tiene sus ventajas y sus desventajas.  

El remedio es obvio:

  • Desconectarse. No es fácil, pero es necesario.
  • Buscar momentos del día para desconectar.
  • Apagar el celular.
  • Distenderse.
  • Concentrarse en otra cosa. Poner toda la atención en lo que estamos haciendo sin que nos interrumpa o nos distraigan los mensajes y los alertas del celular. Por ejemplo, charlar con un amigo o con la pareja focalizando totalmente en lo que se está conversando, sin interrumpir la conversación a cada instante para chequear lo que ha pasado en FB o en otra red social.  Apagar el celular y decir: Muy bien, charlemos.

O mirar una película, o leer un libro, cualquier cosa a la que nos podamos dedicar plenamente sin vernos distraídos por el deseo de chequear lo que pasa en las redes. 

Es necesario que aprendamos a bajar y a regular nuestros niveles de estrés. Aprender a hacer pausas. Recreos. Poder intercalar un no. Ahora no. Ahora estoy conversando con alguien que me importa, no voy a permitir que un sonidito del celular me distraiga. Y aunque no lo crean, seguramente el estrés disminuirá, y la vida volverá a tomar otro color.
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *