Se dice que una persona tiene una personalidad controladora cuando impone a las personas que la rodean el comportamiento que deben adoptar. Las personas controladoras quieren que las situaciones y conductas de los demás se adecuen a lo que ellas creen correcto. Creen que la forma en la que ellas hacen las cosas es la mejor. Y no toleran que se hagan o resuelvan de otro modo. Eso las lleva a querer controlar y supervisar todo. 

La persona controladora quiere controlar todas las situaciones en las que se encuentra. Todo está planificado, calculado y organizado según lo que ella ha decidido con un extremado rigor. Y, por supuesto, está convencida de que su forma de resolver las cosas es la mejor. Por eso le cuesta mucho tolerar las diferencias y aceptar que cada quien tiene su modo de hacer las cosas. Busca imponer su forma, pues no acepta otras alternativas.

Este tipo de personas suelen pensar que su intervención es necesaria para todo. Creen que deben vigilar y supervisar hasta los mínimos detalles de todo. 

Suelen sentir que son superiores, más inteligentes y más eficaces. De ahí su necesidad de supervisar todo. Suponen que deben tomar el mando porque los demás no saben gestionar correctamente. En general, descalifican a los demás. Creen que si no fuera por ellas todo sería un desastre. 

Cómo saber si es una persona controladora
Las personas controladoras:

  • Quieren que todo gire a su alrededor.
  • Pretenden que las cosas pasen como ellas quieren.
  • Quieren tener siempre la razón.
  • Necesitan saber lo que está pasando en todo momento.
  • Quieren controlar cómo viven los demás.
  • Se pasan la vida planeando lo que van a hacer o cómo van a suceder las cosas. 
  • Creen que su manera de hacer las cosas es la mejor, o la única válida. 
  • No aceptan que alguien pueda hacer las cosas de otra forma. 
  • Les cuesta mucho delegar.
  • Son perfeccionistas y detallistas.
  • No toleran equivocarse.
  • No soportan no saber lo que va a pasar o cómo va a ser tu futuro.
  • Se muestran siempre impecables. No les gusta dar una imagen desarreglada o desprolija de sí mismas. 
  • Les gusta tenerlo todo planificado y calculado.
  • Quieren controlar sus pensamientos y sus sentimientos. 
  • Se hacen cargo de todo porque piensan que los demás son inútiles que no sirven para nada. 
  • Pierden la paciencia con facilidad. 
  • Creen que los demás son torpes, o lentos, o imperfectos en cualquier sentido. 
  • Prefieren hacer las cosas ellas mismas a soportar la forma en que las hace el otro.
  • Se quejan por todo lo que hacen, se sienten sobrecargadas, dicen que nadie las ayuda, pero no toleran delegar.

Vivir con una persona controladora
Vivir con un controlador se puede convertir en un infierno. Las personas controladoras dañan psicológicamente a las personas que tienen alrededor. Ya sea en el trabajo, en la vida familiar o social, la persona controladora causa efectos tóxicos en los demás.  

1. Critican todo: La persona controladora critica constantemente a los demás, incluso en los pequeños detalles. Esta conducta, suele dañar la seguridad y  la autoestima del otro. Desprecia el modo de actuar del otro porque piensa que ella misma hace todo mejor. “Deja que lo haga yo, no sabes hacerlo” hasta, “no eres una persona inteligente”, las críticas pueden llegar a hacer una mella psicológica muy grave en la persona controlada.
2. Desvalorizan los éxitos del otro: Siempre piensa que ella lo hubiera hecho mejor. No importa cuál sea el logro del otro, para el controlador nunca es suficiente. 
3. Se victimizan y generan culpa: Suelen protestar por tener que ocuparse de todo. Hace que los demás se sientan culpables de algo que la persona controladora decide: hacer todo.
4. Se quejan del agotamiento: La persona controladora se suele sentir agotada. Le echa la culpa de su cansancio a los demás. Da por sentado que si ella no se ocupara de todo nadie lo haría y la vida sería un caos. Con lo cual, casi no le queda tiempo para descansar.
5. Descalifica a los demás: Supone que todos son inútiles, tontos o vagos. Encuentra errores y fallas en todo lo que hacen los demás. Solo ella es un modelo de perfección. 
6. Anula a los demás: Debido a sus críticas despiadadas y a su afán de estar en todo, poco a poco va anulando la iniciativa y la creatividad de los demás. 
 

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