Gran parte de nuestros actos tienen como objetivo alcanzar la felicidad, ya sea la propia o lo de algún ser querido.  ¿Quién no quiere ser feliz?  ¿Quién no quiere que sus seres queridos sean felices? Pero no es tan sencillo definir y entender la clave de la felicidad.

Muchos especialistas han trabajado en el tema.

El psicólogo Martin Seligman, autor de La auténtica felicilidad,  asegura que hay tres maneras de ser feliz:
1)    Poder relacionarse con lo placentero de la vida.
2)    Tener una buena vida, una vida donde están cubiertas las necesidades de confort y lo socialmente establecido, por ejemplo tener una familia.
3)    Tener una vida significativa, es decir que la vida tenga sentido para uno y para los otros.

Esta última es la que daría una felicidad más completa.   
Sin duda, la felicidad está relacionada a la actitud psicológica y mental de cada persona. No se trata de los diversos sucesos que ocurren en la vida, sino de la forma en que cada uno lo vive.

La felicidad es un estado de bienestar interior que se comunica al exterior, mejorando la calidad de vida propia y la de las personas que lo rodean.

En ese sentido el escritor Henry Van Dyke dijo: “La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.”

Estudios sobre la felicidad

Estas son algunas de últimas investigaciones científicas realizadas por las principales Universidades de los Estados Unidos y Europa sobre la felicidad.

Acérquese la música:
La prestigiosa Universidad de Groningen, afirma que escuchar música alegre aumenta la sensación de felicidad y dibuja una sonrisa en el rostro. También incrementa la capacidad para percibir caras felices alrededor.

Valorar lo que se tiene:
Un estudio norteamericano que dio a conocer la consultora Personality and Social Psychology Bulletin plantea que para mantener un estado permanente de felicidad hacen falta dos cosas:
1)    Tener experiencias nuevas  que supongan cambios positivos.
2)     Apreciar y valorar lo que se tiene, en lugar de desear y quejarse por lo que no fue posible conseguir. Leon Tolstoi lo dijo de esta manera: “Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.”

Ser feliz alarga la vida
Según un análisis publicado en la revista Journal of Happiness Studies, la felicidad prolonga la existencia de las personas sanas porque evita enfermedades y es un buen antídoto contra la depresión.

Los investigadores lo atribuyen, por un lado, a que la infelicidad crónica causa estrés y altera el funcionamiento del sistema inmune, y por otra parte a que cuando nos sentimos felices somos más propensos a escoger un estilo de vida saludable.

Una investigación de la Universidad de Nebraska realizada con 10.000 adultos también confirmaba que las personas felices y satisfechas con su vida gozan de mayor salud y padecen menos enfermedades crónicas.

La felicidad lleva al éxito, y no al revés
El psicólogo de Harvard y autor del libro La ventaja de la felicidad, Shawn Achor, llegó a la conclusión de que la felicidad no es una meta que se alcanza como consecuencia de factores externos.

El éxito no trae la felicidad; es la felicidad la que conduce al éxito.
Achor descubrió que la felicidad conduce y aumenta el éxito y que, más que ser una condición natural, la felicidad se aprende.

Explicó que el cerebro funciona mucho mejor cuando está positivo. «Tanto es así que, estadísticamente, sólo el 25% del éxito se puede explicar con el coeficiente intelectual; el resto de los indicadores, el optimismo, el apoyo de una red social y enfrentar el estrés como un reto, está relacionado con la felicidad».

Manejar el ocio para ser feliz
Lo que hace en su tiempo libre define en algún punto el estado de su felicidad.
Un estudio de la Universidad de Maryland demostró que las personas felices suelen dedicar su tiempo libre a las actividades sociales, a practicar algún deporte, a compartir momentos con sus seres queridos, o a realizar actividades que les dan placer, y son ciudadanos cívicamente más responsables que las personas infelices.

El ocio es un componente básico de nuestras vidas. Si nos falta, no podemos alcanzar nuestra plenitud.

Según el escritor español Guzmán López Bayarri, es necesario hacer una distinción importante entre el ocio activo y el ocio pasivo.
El ocio pasivo es «no hacer nada», esperar a los estímulos y reaccionar.
El ocio activo, por el contrario, es el tiempo que invertimos en proyectos, con el que nos desarrollamos personalmente y con el que podemos potenciar nuestra creatividad.
 Sin ocio no hay entretenimiento y la mente no descansa. Para el bienestar psicológico es fundamental la calidad que le damos a nuestro tiempo de ocio.

Frase de la semana
“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.”

Benjamin Franklin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *