El invierno llegó. Y con este período del año llegan muchas cosas. Frío. Días más cortos. Vientos. Lluvias. Tormentas. Nieve. Ropas abrigadas. Gorros. Botas. Bufandas.

Un paisaje nuevo al que hay que acostumbrarse.  Es normal que el cambio de estación cause cambios en el ánimo de personas. Y es normal que el frío y las características del invierno provoquen un estado de somnolencia, de desgano y de decaimiento, especialmente en los primeros días del invierno.

¿Qué es la depresión estacional?
La depresión estacional, también conocida como trastorno afectivo estacional (TAE) o SAD por sus siglas en inglés, es un tipo de depresión que ocurre a finales del otoño o principios del invierno.

Síntomas de la depresión estacional o TAE
Los síntomas característicos de la depresión estacional son:

  • Cambios en el estado de ánimo: La persona puede sentirse triste o irritable la mayoría del tiempo. Durante este tiempo pueden tener sentimientos de desesperanza o de no valer nada. Como parte del cambio del estado de ánimo las personas pueden ser autocríticas; demostrar mayor sensibilidad que lo usual a la crítica y llorar o sentirse herido más a menudo que de costumbre.
  • Incapacidad para disfrutar: Una persona con TAE puede perder interés en las cosas que disfrutaba normalmente. Puede sentirse incapaz de disfrutar de las cosas como antes. También podrían tener la sensación de no poder hacer las tareas tan bien como antes y a causa de eso sentirse insatisfechos o culpables. También podría perder interés en salir, en compartir con los amigos y empezar a aislarse.
  • Poca energía: El cansancio inusual o la fatiga sin razón aparente son también parte del TAE. Las personas pueden sentirse con poca energía. Agotados. Sin fuerzas para hacer nada. Y con mucha necesidad y deseo de dormir.
  • Cambios en el sueño: La persona podría dormir mucho más de lo usual.
  • Cambios en la alimentación: Los cambios en la alimentación y el apetito relacionados con el TAE pueden incluir ganas de consumir carbohidratos  y la tendencia a comer de más. Suele haber un aumento del apetito.  Este cambio en la alimentación podría resultar en aumento de peso durante los meses de invierno, que a su vez podría agudizar la depresión.
  • Dificultad para concentrarse: El TAE puede afectar la concentración e interferir con el rendimiento.
  • Disminución de las actividades sociales: Las personas con TAE pueden pasar menos tiempo con los amigos y en actividades sociales. Pierden el interés por salir y hacer cosas con los demás.
  • Movimientos lentos y perezosos: No dan ganas de moverse. La persona se siente fatigada y sin deseos de hacer esfuerzos. Reduce sus movimientos al mínimo. Esto a su vez va causando más apatía. 

¿Quién puede padecer depresión estacional?
Puede afectar a adultos, adolescentes y niños. Se calcula que aproximadamente 6 de cada 100 personas (6%) padecen de depresión estacional.

Un estudio llevado a cabo en los Estados Unidos reveló que las tasas de TAE fueron siete veces mayores entre las personas en New Hampshire que en Florida, lo que sugiere que cuanto más lejos de la línea ecuatorial vive una persona, más probable es que desarrolle TAE.

Diagnóstico y tratamiento
El tratamiento principal para el trastorno es la terapia de luz (fototerapia). La idea es reemplazar la luz del sol que se pierde durante los meses de otoño e invierno.

El diagnóstico debe ser realizado por un especialista, ya que es importante discernir si se trata de una depresión estacional, u otro tipo de depresión que puede tener síntomas muy similares.

El buen diagnóstico es fundamental, ya que de él depende el tratamiento que se indicará.
 

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