La drogadicción es una enfermedad. Una enfermedad que se caracteriza por la dependencia a sustancias que afectan el sistema nervioso central y las funciones cerebrales.  Estas sustancias se llaman drogas.

La dependencia a las drogas transforma la vida en un infierno

La persona con esta enfermedad se ve atrapada en un círculo vicioso. No puede dejar de consumir. Se aísla. Su entorno social y afectivo se deteriora. Baja su rendimiento en el trabajo y en el estudio. Todo pierde sentido. Su único interés es volver a consumir. Otra dosis. Más consumo. Otra droga. Más droga. Nunca es suficiente. Siempre se quiere más. Conseguir la droga y consumirla empieza a ser lo más importante de su vida.

Las personas abren la puerta de este infierno sin darse cuenta

En un primer momento el consumo de drogas puede resultar placentero. Muchas personas consumen para pasarla bien o para divertirse. No saben, no comprenden, que detrás de este primer momento de diversión se esconde un verdadero infierno.

Y ese infierno tiene un nombre: dependencia

La dependencia a las drogas puede ser física y/o psicológica

La dependencia, psíquica o física, producida por las drogas puede ser muy intensa. Puede esclavizar la voluntad y desplazar otras necesidades básicas, como comer o dormir. La necesidad de droga es más fuerte. La persona puede hacer cosas que, de no estar bajo el influjo de la droga, no haría, como mentir, robar, prostituirse e incluso matar. La droga se convierte en el centro de la vida. Lo demás se deteriora: el trabajo, las relaciones familiares e interpersonales, los estudios.

Cuando se consume una droga por primera vez, las personas pueden sentir efectos positivos. Es agradable. Es divertido. No pasa nada. Me hace sentir bien, dicen. Y el consumo se vuelve más y más frecuente. También pueden creer que controlan su consumo. Que consumen porque quieren. Y que si quieren pueden dejar de consumir. Sin embargo, esto no es así. Las drogas pueden apoderarse rápidamente de la vida de una persona. 

Algunos pueden comenzar a sentir la necesidad de tomar dosis más altas o más frecuentes. No encuentran interés en nada, salvo en las drogas. Sin drogas todo se vuelve aburrido, tonto, sin sentido.  La dependencia comenzó. El juego ya no es divertido. Y la persona comienza a deteriorarse física, social y mentalmente.  

Los efectos de las drogas son diversos, dependiendo del tipo de droga y la cantidad o frecuencia con la que se consume. Pueden producir alucinaciones, intensificar o entorpecer los sentidos, provocar sensaciones de euforia o desesperación. Algunas drogas pueden llevar a la locura o la muerte.

Muchas de las drogas que se consumen son ilegales. Para conseguirlas la persona se ve obligada a relacionarse con personas y situaciones riesgosas. La necesidad de la droga hace que no se evalúen los riesgos. Se juega con el peligro y con la muerte sin tener real conciencia. 

Señales de que alguien tiene problemas con las drogas 

Existen algunos indicios que pueden identificarse como señales de peligro. No siempre indican la presencia de abuso de drogas, pero pueden servir como una guía para detectar dicho abuso.

  • Cambios repentinos en la personalidad y en los hábitos.
  • Exceso de mal humor. Irritabilidad. Susceptibilidad.
  • Repentina caída en el rendimiento académico o laboral.
  • Descuido en el aspecto y aseo personal.
  • Desaparición de objetos de valor o dinero en casa.
  • Temblores, insomnio, aspecto somnoliento o adormilado, lenguaje incoherente.
  • Depresión, apatía, desgano, falta de motivación.
  • Incapacidad de cumplir con las responsabilidades.-
  • Aislamiento del grupo habitual de amigos. 
  • Hábitos antisociales, como mentir, robar o pelear.
  • Crisis nerviosas.
  • Pérdida del apetito.

La Organización Mundial de la Salud afirma que para poder hablar de dependencia han de presentarse tres o más de los siguientes criterios en un periodo de 12 meses:

  • Fuerte deseo de consumir la sustancia.
  • Dificultades para controlar dicho consumo
  • Síndrome de abstinencia al interrumpir o reducir el consumo
  • Tolerancia: la dosis habitual de la sustancia produce menos efectos. Se necesitan dosis más altas para producir los mismos efectos.
  • Abandono progresivo de intereses ajenos al consumo de la sustancia. Inversión cada vez mayor de tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia o a la recuperación de sus efectos.
  • Persistencia en el uso de la sustancia a pesar de percibir sus efectos perjudiciales.