La pérdida de alguien querido siempre es una situación grave y difícil de afrontar. Después de la pérdida comienza un complejo proceso psíquico al que denominamos duelo. Este proceso requiere del paso del tiempo. Se considera que el duelo normal dura entre 6 meses y dos años. Durante ese período el psiquismo de la persona está ocupado procesando la pérdida y reconfigurando su mundo.

Los niños hacen el duelo a su manera. Por su edad y por su desarrollo emocional, procesan y manifiestan el dolor de una manera distinta a los adultos. Eso no significa que no estén sufriendo o que no necesiten ayuda para elaborar la pérdida. Los niños pueden mostrar su tristeza con cambios en la conducta,  como manifestar conductas agresivas, hiperactividad, fobias, déficit de atención, aislamiento, enojos, caprichos, miedos, regresiones a etapas anteriores, etc.

Es necesario que los adultos puedan entenderlos y acompañarlos en este difícil proceso de duelo. En muchos casos, los propios adultos están atravesando su propio duelo y no encuentran fuerzas para ayudar al niño. Es necesario que el adulto se calme en su dolor y se reorganice internamente para poder acompañar al niño. ¿Pero cuál es la mejor manera de hacerlo?

 

¿Cómo ayudar a los niños afrontar un duelo? Algunos consejos:

• Explicarles lo sucedido.
Es conveniente que la noticia del fallecimiento se la dé una persona cercana emocionalmente al niño. Es preferible que sea alguno de los padres y si no puede ser, que sea otro familiar muy próximo. Hay que tratar de estar tranquilos en el momento de darles la noticia, transmitirles calma y serenidad sin reprimir la tristeza ni los sentimientos que fluyan. Lo importante es que el niño sienta que puede encontrar apoyo, respuestas y consuelo en el adulto.

• Darles espacio y libertad.
Darles espacio y libertad para que el niño exprese sus sentimientos sin presiones. Quizás no lo hace en el momento de los hechos sino tiempo después. No hay que ponerse ansioso. Es fundamental respetar los tiempos de cada niño. Los niños pueden expresar sus sentimientos a través de dibujos, juegos, acciones. No siempre lo hacen a través de la palabra. Es necesario que el adulto esté atento a estas manifestaciones del pequeño.

• ¿Cómo hablarles?
Con la mayor sencillez posible. Podemos utilizar la palabra “muerte” y dar una explicación sobre la muerte un como proceso natural. Tratar de hablar sin miedos ni pudores.

• ¿Cómo contestar a las preguntas que hace el niño?
Es recomendable contestar todas sus preguntas de forma simple y honesta. Si nos pregunta qué pasa después de la muerte y no tenemos una respuesta podemos decir que no sabemos. Podemos expresar nuestras dudas si no tenemos la respuesta a sus preguntas. Hablar con claridad de lo que sabemos y no tener miedo a decir que no sabemos, si ese es el caso.

• No mentir
No recurrir a mentiras para explicar la ausencia de la persona. Las mentiras pueden traer problemas y dificultan el proceso del duelo. Hablar siempre con la verdad que el niño pueda entender según su edad.
 
• Dar una explicación adecuada según la edad
Tenemos que adecuar la forma de explicar la pérdida según la edad, el desarrollo cognitivo y madurativo del niño. Hay que respetar los ritmos y los tiempos del menor. Y tener en cuenta lo que el niño puede asimilar y lo que necesita saber sin que sea demasiado abrumador.

• ¿Los niños/as pueden ir al funeral?
Si. Participar de los ritos funerarios les puede ayudar a comprender y aceptar la muerte. Pero no hay que obligarlos ni llevarlos a la fuerza. Es aconsejable explicarles previamente cada situación y ofrecerles la posibilidad de que elijan si desean participar o no.

• ¿Es bueno seguir hablando de la persona fallecida?
Si. Si el niño lo desea hay que permitirle hablar de la persona fallecida. Recordarla. Preguntar por ella. Sin obligarlos si no quieren hablar. Siempre hay que respetar los ritmos del niño y hacerles saber que uno está disponible para hablar siempre que ellos lo deseen.

• Ayudarlo a reconocer y a expresar sus emociones
Explicarles que es natural el sentir tristeza y deseo de volver a ver a la persona. Nunca censurar sus emociones diciendo: “no llores” o “no estés triste”. No criticarlo si siente miedo de noche, o miedo a la oscuridad. Ayudarlo a enfrentar sus miedos y entender que la aparición de miedos es parte del duelo.

• Darles apoyo emocional
El adulto debe permanecer físicamente, con cariño, besos, abrazos, y emocionalmente cerca de los niños. Darles afecto. Acompañarlos. Que sientan la cercanía y la presencia. Ya sea jugando con ellos, compartiendo momentos, ofreciéndoles mirar una peli con ellos, y manteniéndose siempre dispuestos a hablar, a escucharlos y a ser comprensivos con el proceso de duelo que el niño, a su manera, está atravesando.

• Retomar los hábitos cotidianos
Es muy aconsejable retomar las actividades cotidianas lo antes posible. Volver a los hábitos y a las reglas  sin demasiadas exigencias y sin fingir que la pérdida no ha tenido lugar. El orden externo ayuda a la confusión psíquica que produce el duelo.

 

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