Sabemos que una parte importante del bienestar depende de nuestras relaciones afectivas. Lo sabemos porque  lo sentimos. Cuando estamos bien y seguros en nuestros vínculos, todo parece ir mejor. Sabemos también que sentirse solo, asilado, sin nadie con quien compartir las cosas que nos pasan, nos hace daño y, en algún sentido nos enferma. Pero, ¿por qué?

Los científicos han decidido estudiar a fondo este tema. ¿Es posible que el afecto, el amor, las relaciones amorosas con los demás influyan positivamente en nuestra salud?

Una publicación realizada por la Universidad de Medicina de Harvard afirma que las buenas relaciones afectivas mejoran la salud y aumentan la longevidad. Asevera el artículo que tener buenos vínculos influye en nuestra salud tanto como tener la cantidad y calidad de sueño adecuado, una buena dieta y no fumar. Decenas de estudios han demostrado que las personas que tienen relaciones satisfactorias con su familia, amigos y su comunidad son más felices, tienen menos problemas de salud y viven más tiempo.

Según este informe, la falta de vínculos sociales se asocia con la depresión, el deterioro cognitivo y con el aumento de la mortalidad. Un estudio, que examinó datos de más de 309,000 personas, encontró que la falta de relaciones afectivas positivas aumentaba el riesgo de muerte en un 50%.

Los científicos están investigando los factores biológicos y de comportamiento que explican los beneficios para la salud de las relaciones con los demás. Descubrieron que ayuda a aliviar el estrés. Y se sabe que el estrés  es dañino para las arterias coronarias, la función intestinal, la regulación de la insulina y el sistema inmunitario.

La investigación también afirma que las actividades de colaboración con los demás mejoran la vida. Ser solidario nos hace bien.

La calidad de nuestras relaciones importa, afirman. No se trata de tener muchas relaciones. Lo que cuenta es que los vínculos sean satisfactorios.

Para agregar información a este tema, un estudio sueco con personas de 75 años y más concluyó que el riesgo de demencia era más bajo en aquellos con una variedad de contactos satisfactorios con amigos y parientes.

Así es que la ciencia con sus investigaciones viene a apoyar lo que casi todos sabemos: sentirnos bien con los demás nos hace bien, nos da salud, longevidad y una buena vida.

En el principio: el amor
Para añadir datos a este asunto tenemos que nombrar la famosa investigación de Rene Spitz en la década de los años 50 del siglo XX.

En 1940 se había notado que los orfanatos tenían un altísimo índice de mortandad infantil.  En aquel momento se creía que la causa debía de ser las enfermedades contagiosas producto de la falta de limpieza de estos lugares. Pero el doctor austriaco René Spitz propuso una teoría nueva: los niños en el orfanato morían y enfermaban de falta de amor.

Para probarlo, Spitz comparó un grupo de bebes que eran criados en cunas de hospital atendido por enfermeras con bebes criados por sus madres en prisión. Si el problema eran las condiciones del lugar, entonces los niños criados en la cárcel debían de tener peores resultados.

Sin embargo, el estudio mostró lo contrario: el 37% de los bebes criados sin madre en un hospital murieron, mientras que no se registró ninguna muerte entre los bebés encarcelados con sus madres. Así mismo los bebés de la cárcel cuidados por sus madres crecieron más rápido y mostraron mejores resultados en diversas pruebas de salud.

La investigación siguió algunos años más, y Spitz notó que niños criados en orfanatos que sobrevivieron tuvieron una tendencia mayor a contraer enfermedades y a tener problemas psicológicos.

En el año 2007 la ciencia confirmó la teoría de Spitz: el amor inicial es vital para el ser humano. Un estudio en Rumanía comparó el crecimiento de bebés en orfanatos y bebés que crecieron en hogares con padres adoptivos. El estudio probó que los niños de orfanato crecen menos, tienen un IQ menor y el 52% desarrolla una enfermedad mental, mientras que sólo el 22% de los niños con padres adoptivos lo hacen.

“El principal problema con la crianza de un bebé en un entorno de orfanato es que la oportunidad de crear relaciones duraderas y amorosas con un pequeño número de adultos es rara”, dice el psiquiatra infantil Bruce Perry.

Y agrega: “Por lo general, el cuidado del bebé se extiende a varios miembros del personal en varios turnos, muchos de los cuales solo hacen un trabajo. La sonrisa, el tacto, el canto y el balanceo son necesarias para estimular el crecimiento normal”. Es decir, los gestos de amor son necesarios.

Esta investigación demuestra que para crecer saludablemente un bebé humano necesita ser el centro de atención y afecto de al menos una persona. Necesita ser amado. El amor inicial nos permite crecer y desarrollarnos. Si a un bebé humano se le dan los cuidados necesarios para sobrevivir, pero no se le da amor tiene más probabilidades de enfermar y de morir. El afecto físico y emocional es tan importante como la alimentación y los otros cuidados.

¿Conclusión? Para los seres humanos el amor es vital.

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