Frase de la semana
“Cuida el interior tanto como el exterior porque todo es uno. ”  Buda

Una antigua reflexión nos aconseja: “Antes de hacerle daño a una persona toma un papel y arrúgalo. Luego vuelve a dejarlo como antes.  ¿No se puede, verdad? El corazón de las personas es como ese papel, una vez que lo has herido es difícil volver a dejarlo como lo encontraste.”

No es un mal concejo. ¿Pero cómo hacerlo? La respuesta es: cuidándose.

Aprender a cuidarse y a cuidar a los demás es el entrenamiento más profundo que debe hacer un ser humano.  Son necesarios años de educación para que un niño sepa cuidarse solo. 

¿Cuidarse de qué?, se preguntarán ustedes. 
No se trata sólo de cuidarse de los peligros externos. Se trata de cuidarse básicamente de la agresividad, de la ira, y de las múltiples formas de destrucción emocional que ejercemos sobre los demás o sobre nosotros mismos. 

La agresividad, como todo exceso, tiende a descargarse. Sale. Se expresa. Busca la ruta de salida. La agresividad se descarga indistintamente sobre los demás o sobre uno mismo bajo diferentes formatos. Se descarga hacia adentro y hacia afuera. Hacia el otro y hacia uno mismo. Hacia afuera convertida en ira, violencia y maltrato, hacia dentro convertida en depresión, culpa, formas de fracaso y de insatisfacción, adicciones que llevan a la autodestrucción, etc.

No sólo tratamos como a un papel  al corazón de los demás. Sino que tratamos así a nuestro propio corazón. Sin cuidarnos. Sin pensar que muchas de las marcas que le hagamos no dejarán de doler jamás. 

En este caso el peligro y la amenaza está en uno mismo. Está en la imposibilidad de manejar las emociones destructivas. 

“Todos los hombres matan lo que aman, que lo oiga todo el mundo, algunos lo hacen con una mirada amarga, otros con una palabra lisonjera, el cobarde lo hace con un beso, el valiente con una espada.”  Escribió Oscar Wilde alguna vez. 

¿Es así? En todo caso cuidarse es aprender a no matar lo que uno ama. Ya sea ese amor una persona, una idea, un ideal, un sueño, uno mismo, un tipo de sensibilidad, la vida, la naturaleza, la alegría, el bienestar, la salud, etc. 

La lista continúa. Queda en ustedes seguir agregando lo que aman y lo que quieren aprender a cuidar.

Clavos que dejan Huellas
Esta es la historia de un muchacho que tenía muy mal carácter y perdía a paciencia por cualquier cosa. Se enfurecía con facilidad y solía tener problemas con las personas por la forma en que descargaba su ira y su violencia con ellas. 

Para darle una lección su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. No fue fácil para el muchacho aprender a manejar su furia. Pero con el paso de los días y la perseverancia descubrió que era mas fácil y práctico controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. 

Llego el día en que pudo controlar su carácter durante toda la jornada.
Muy feliz, el muchacho le contó  a su padre su enorme logro. El padre le dijo que estaba muy orgulloso de él y  le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban mas clavos para retirar de la puerta. Lo había logrado: ya controlaba su ira.  

Su padre lo tomo de la mano y lo llevo hasta la puerta. Le dijo: “Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta.  Nunca mas será la misma.

Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para siempre.” 

El cuento aplica también a lo que uno se hace a sí mismo.

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