Un estudio realizado por HMD Global indicó que miramos el celular 142 veces al día. Pero esto no es todo.

El estudio demostró que pasamos 18 horas y 12 minutos a la semana usando las pantallas. Bastante, ¿no? Así mismo, reveló que el uso de los teléfonos móviles ha aumentado un 90% en los últimos 10 años, y que el 83% de las personas afirma “amar” su Smartphone.

Por otro lado, el estudio ‘Digital 2021’ elaborado por Hootsuite y We Are Social  indicó que el tiempo total que pasamos en línea ha aumentado. Según esta investigación, en la actualidad, el usuario medio pasa casi 7 horas al día utilizando Internet. Esto significa que pasa más de 2 días completos en línea en una semana.

A su vez, el estudio Digital 2021 indicó que en enero de 2021 habría 4.660 millones de personas en todo el mundo utilizando Internet, lo que supone un aumento de 316 millones (7,3%) desde el año pasado.

Sin duda la digitalización avanza. Nos vamos convirtiendo en seres digitales. Pasamos gran parte de nuestro tiempo en línea, ya sea para trabajar, entretenernos, estudiar, vincularnos, comunicarnos, informarnos, etc.

¿Qué efectos tiene en nuestra vida? ¿Está cambiando nuestro modo de entender el mundo? ¿Trae consecuencias en nuestras funciones cerebrales? ¿Cambia nuestro modo de relacionarnos con los demás?

Especialistas del mundo entero se están haciendo estas y otras preguntas.

Memoria digital y cerebro

Sin duda Google y Wikipedia han cambiado la forma en que almacenamos y buscamos la información.  En este sentido, algunos estudios sostienen que hemos perdido la capacidad de memorizar datos, pero hemos ganado en la habilidad de buscarlos. Algunos lo llaman “efecto Google”, que indica que nos hemos vuelto sumamente hábiles en encontrar datos en el sistema de memoria externa, en detrimento de la memoria personal. Así, las personas no memorizan tanto porque confían en que pueden conseguir la información que necesitan a través del famoso buscador.  De este modo, el almacenamiento externo de la información y su fácil accesibilidad estarían cambiando los hábitos de nuestros cerebros.

Para comprenderlo hay que distinguir entre la memoria personal,  propia de cada persona y la memoria externa, apoyada en buscadores y en plataformas de datos.

Cuando formamos una memoria personal, también generamos asociaciones entre esa memoria y otros recuerdos. No sólo almacenamos datos, sino que incluimos sensaciones y emociones.

Los recuerdos van cambiando con el paso del tiempo, según el momento en el que los traemos a la memoria. Por otro lado, nuestra memoria es selectiva y móvil. No todo permanece accesible al recuerdo todo el tiempo.

Podríamos decir que la memoria biológica está viva y la memoria informática no. Son memorias distintas. Una hace a la acumulación de datos, y la otra funda nuestra identidad. Sin esa memoria personal y única, no sabríamos quienes somos.

Por su parte, el psiquiatra estadounidense Gary Small, director del Centro de Investigaciones en Memoria y Envejecimiento de la Universidad de California (UCLA) hace unos años investigó cómo Internet afecta el funcionamiento del cerebro.

El Dr. Small apuntó en su estudio a los denominó los “inmigrantes digitales”: personas entre 55 y 76 y no a los jóvenes menores de  30 considerados “nativos digitales”.

El estudio de Small reveló que la exposición a la red fortalece algunos circuitos neuronales. De este modo Internet puede ser una fuente de ejercicios para la mente, atenuando la degradación provocada por la edad. Pero sólo cuando hay un uso moderado ya que la sobreexposición tiene efectos nocivos, según el investigador.

Efectos preocupantes del uso excesivo de la tecnología

Según los expertos el uso excesivo o inadecuado de la tecnología puede ocasionar estados de depresión, ansiedad,  trastornos de atención y problemas del sueño. También puede deteriorar la creatividad de generar ideas propias y la capacidad de hacer un análisis crítico.

Por otro lado, pasar demasiado tiempo en Internet puede fomentar el aislamiento y traer problemas de sociabilización. De este modo puede ocasionar un deterioro de los vínculos interpersonales, con el consecuente empobrecimiento de las habilidades sociales.

Asimismo, se sabe que el uso excesivo, puede generar adicciones comportamentales. Este tipo de adicciones tienen diferencias con  las adicciones a sustancias pero dañan igualmente nuestra salud mental y física.

Por otro lado, el uso abusivo de tecnología puede incrementar las fobias. Una de ellas es la nomofobia, palabra que surge del inglés “no mobile phobia” (fobia a estar sin móvil). Se trata del miedo irracional y la ansiedad que sienten algunas personas cuando algo les impide interaccionar con su celular.

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