Se sabe que los trastornos emocionales derivados del estrés, como la ansiedad y la depresión, son los problemas de salud mental más prevalentes del mundo. Los estudios demográficos muestran que hasta un tercio de las personas en el mundo sufren algún tipo de ansiedad a lo largo de su vida.

Vivimos en la década de la mega información, de la falta de sueño que nos ocasiona la adicción a las pantallas, de la pasión y la comunicación por Instagram y las redes sociales, de los amores virtuales y de la inmediatez. Vivimos en un mundo instantáneo que se presenta fugaz y exigente a la vez. Corremos. Los segundos parecen milenios. Sentimos que el tiempo no nos alcanza. Siempre queda algo por hacer, algo por resolver. ¿Y la vida? ¿Qué pasa con nuestra vida mientras corremos entre selfies, mensajes, historias de Instagram, noticias, videos que se viralizan? ¿Qué pasa con nosotros en medio de esta maratón de bytes, likes, matches, video juegos, imágenes y emojis?

La especialista en cambios generacionales Jean Twenge advierte que los adolescentes están sufriendo trastornos emocionales derivados del estrés. Según ella, esto se relaciona a  que es la primera generación que ha crecido con un smartphone entre las manos. Su hipótesis: aparecen los smartphones, empeora la salud mental de los jóvenes.

Uno de los argumentos principales de Twenge, profesora de psicología en la Universidad de San Diego (EE UU), es que los jóvenes se sienten bien o mal con relación a su percepción de cómo les va a los demás. El problema es que las redes sociales suelen ofrecer una ventana a los momentos más atractivos de las vidas ajenas. Y con eso que ven en las redes sociales es con lo que se comparan los adolescentes.

Un estudio científico demostró que limitar el tiempo en Facebook, Instagram y Snapchat reducía la soledad y la depresión en 143 estudiantes de grado de la Universidad de Pensilvania.

El psicólogo clínico Scott Stanley de la Universidad de Denver (EE UU), opina que las redes sociales aumentan la ambigüedad y la incertidumbre en las interacciones personales.

Según Stanley los jóvenes invierten tiempo y esfuerzo en decodificar los confusos estímulos sociales que les llegan a través del smartphone, casi nunca en forma de llamadas.

Este es el mundo en el que estamos inmersos. Aquí vivimos. Conectados, estimulados virtualmente, rodeados de incertidumbre y de prisa. El estrés es un modo de responder a esta multiplicidad de estímulos y de presiones.

El estrés excesivo puede afectar tanto a nivel emocional como físico. ¿Pero cómo saber si está experimentando un nivel de estrés demasiado elevado?

Las personas con estrés crónico tienen la impresión de que ese es su estado natural. Por eso a veces no reconocen los síntomas.

 

Algunos síntomas de estrés son:

  • Dolor de cabeza. Si está sintiendo dolores de cabeza frecuentes sobre todo de tipo tensional el estrés puede ser el causante.
  • Contracturas musculares. Este es uno de los síntomas más típicos del estrés. El cuerpo se tensiona y los músculos se contraen causando malestar y dolor. Puede aparecer dolor muscular en al cuello, los hombros o en cualquier músculo del cuerpo o de la cara. La boca y la mandíbula suelen apretarse con fuerza causando bruxismo.
  • Problemas para dormir. El estrés afecta al sueño de diferentes maneras. Puede causar insomnio, puede hacer que duerma menos o que se despierte a cada rato en mitad de la noche, de modo que se levanta cansado. También puede causar lo contrario, un estado de somnolencia y sueño en exceso. 
  • Estar más proclive a tener enfermedades. El estrés afecta al sistema inmunitario que es el que nos defiende de los gérmenes y virus.  De modo que es posible que uno se contagie distintas enfermedades con más facilidad.
  • Malestar físico. Como sarpullidos en la piel, dolor de estómago, descomposturas, problemas en la presión arterial, etc.
  • Mayor irritabilidad. Si está irritable la mayor parte del tiempo puede deberse a la existencia de estrés.
  • Mal humor. El estrés arruina el humor y el carácter. Se pierde la paciencia y el bienestar anímico.
  • Poca capacidad concentración. Trae dificultades para prestar atención y para concentrarse en cualquier tarea.
  • Problemas de memoria. El estrés causa un deterioro momentáneo en las funciones cognitivas. La memoria suele ser una de las grandes afectadas. Uno anda olvidadizo, distraído, con la cabeza en otra parte. De este modo, las tareas cotidianas se vuelven cada vez más difíciles de llevar adelante.
  • Disminución del deseo sexual. En situaciones de estrés excesivo el deseo disminuye o desaparece.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *