Para muchos padres es difícil entender por qué sus hijos e hijas adolescentes a veces se comportan de forma impulsiva e irracional, con un ánimo cambiante e incomprensible, e incluso con comportamientos peligrosos que los ponen en riesgo.

La adolescencia es una etapa extremadamente compleja. Es, principalmente, una época de cambios. En este período ocurre el largo proceso de transformación del niño en adulto. Y este proceso involucra todas las áreas de la persona. De este modo, los cambios abarcan al cuerpo, al psiquismo, a la sexualidad, los vínculos, los intereses, los aspectos cognitivos y el desarrollo cerebral, entre otros.

A veces los padres no consiguen comprender la magnitud de este proceso y las alteraciones que estos cambios provocan. Sienten que sus hijos adolescentes se vuelven distantes y no encuentran el modo de conectar con ellos.

Esto se debe a que los adolescentes son muy diferentes a los adultos en la manera en que se comportan, resuelven problemas y toman decisiones. Es necesario comprender que ya no son niños, pero tampoco son adultos aún. Están creciendo. Y su modo de comportarse manifiesta este proceso de transformación y crecimiento que están atravesando.

La buena noticia es que hay una explicación biológica para esta diferencia.

Los estudios han demostrado que, en los seres humanos, el cerebro continúa madurando y desarrollándose durante la niñez, la adolescencia y sigue en este proceso de maduración hasta principios de la edad adulta.

De este modo, la neurociencia nos dice que el cerebro humano termina de desarrollarse y de madurar recién a los 25 años de edad. Y esto tiene muchas implicancias en el funcionamiento y en el comportamiento del adolescente. Entender que el cerebro adolescente es un cerebro “en construcción” nos ayudará a comprender algunas particularidades de la conducta adolescente.

Sabemos que la corteza prefrontal del cerebro humano es proporcionalmente mucho mayor que la de cualquier otra especie que conozcamos. De ella dependen las funciones cognitivas como, por ejemplo, la toma de decisiones, la planificación de tareas, la inhibición de los impulsos y es la sede de nuestra autoconciencia.

Justamente, la corteza prefrontal del cerebro es una de las últimas regiones del cerebro en madurar. Podemos decir que no está plenamente desarrollada hasta que el cerebro termina de madurar, es decir, alrededor de los 25 años.

Como dijimos, ésta es el área responsable de ciertas funciones cognitivas como planificar, establecer prioridades y controlar impulsos, así como también, regular el ánimo, la atención, la habilidad de pensar de manera abstracta, y especialmente considerar las consecuencias del comportamiento de cada uno.

Claramente, debido a que estas habilidades aún se están desarrollando, los adolescentes no tienen aún la capacidad de funcionar como lo haría un adulto. Por este motivo, tienden a ser impulsivos, desorganizados, y suelen participar en comportamientos arriesgados sin tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones.

Por otro lado, en las estructuras subcorticales, los científicos han identificado una región del cerebro llamada la amígdala, la cual es responsable de las reacciones instintivas y emocionales. Esta región se desarrolla más velozmente. Y, de hecho, se encuentra hiperdesarrollada en la adolescencia.

Este desbalance entre el desarrollo lento de la corteza prefrontal, encargada de las funciones cognitivas, y el hiperdesarrollo de la zona subcortical, sede de las reacciones emocionales, es fundamental para entender el comportamiento adolescente.

A causa de esto, los adolescentes parecen estar tomados por las emociones y suelen mostrar dificultades para la planificación, la toma de decisiones, el control de impulsos y para todas las habilidades que requieran el desarrollo completo de la corteza prefrontal.

Por otro lado, debido a que el cerebro adolescente todavía está en desarrollo, los adolescentes son más sensibles al estrés. A su vez, responden al estrés de manera diferente que los adultos. Esto los vuelve más vulnerables y pueden desarrollar fácilmente trastornos relacionados con el estrés, como ansiedad y depresión.

Tendencias en el comportamiento adolescente

Así, basado en el estado de desarrollo del cerebro, podemos decir que los adolescentes tienden a:

• Actuar impulsivamente.

• Malinterpretar las señales sociales y emocionales.

• Sufrir accidentes.

• Estresarse con facilidad.

• No medir las consecuencias de los actos.

• Envolverse en peleas.

• Tener muchos cambios emocionales.

• Participar en un comportamiento peligroso y arriesgado.

Al mismo tiempo los adolescentes tienden a NO:

• Pensar antes de actuar.

• Considerar las consecuencias potenciales de sus acciones.

• Modificar sus comportamientos peligrosos.

• Planificar.

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