Los problemas familiares son todos los conflictos que atañen a una familia y que complican el funcionamiento y la buena dinámica entre sus integrantes.

Un conflicto es un malestar que está en proceso. Habitualmente parte de un comentario, de un malentendido, de celos, o  de rivalidades inconscientes. Puede ocurrir también que el conflicto no tenga que ver con el presente, sino con el pasado. De este modo, el conflicto actual puede ser solo el aspecto visible de una trama oculta y antigua.

Por otro lado, los problemas no deben verse como un fracaso familiar sino como una oportunidad para reconsiderar la organización de la familia. El conflicto señala que algo no está funcionando bien y que es necesario gestionar un cambio. 

Existen muchos tipos de conflictos familiares: entre hermanos, entre la pareja, entre padres e hijos, problemas en la organización económica, problemas con la familia política, etc.  Cada uno requiere atención y un tratamiento especial para evitar que se extienda ocasionando daños mayores.

Es absolutamente normal tener conflictos con las personas con las que se convive diariamente.

Debido a eso, los problemas familiares son muy comunes y la mayoría de las familias deben aprender a lidiar con ellos. Es importante aprender a identificarlos para resolverlos lo antes posible. Cuando los problemas se enquistan toda la situación empeora. Los vínculos se empiezan a desgastar y a medida que el tiempo transcurre se vuelve más difícil encontrar la salida.

En ese sentido, los conflictos familiares suelen convertirse en trampas mortales que pueden llevar a la disolución de la familia.  

¿Por qué pueden ser tan dañinos?

Esto se debe a que los conflictos dentro de la familia suelen producir un fuerte malestar que va arruinando la armonía del grupo familiar. Cuando los problemas no se resuelven aumentan la tensión, el estrés y el nerviosismo generándose mayor conflictividad. Asimismo,  si no se tratan adecuadamente pueden desencadenar discusiones y enfrentamientos familiares graves de los que a veces no hay retorno.

Algunos de los problemas de familia más frecuentes son:

• Conflictos con la familia política y/o con otros familiares.

• Desacuerdos importantes respecto al uso del dinero y al manejo de la economía familiar.

• Desacuerdos en relación al comportamiento y a la crianza de los hijos.

• Problemas en el manejo de la adolescencia de los hijos.

• Peleas entre hermanos.

• Adicciones o alcoholismo de uno o de varios integrantes de la familia.

• Problemas de salud física o mental de algún integrante de la familia.

• Agresividad y enfrentamientos en la pareja.

• Divisiones, enojos y resentimientos entre los hijos o de los hijos hacia los padres.

• No dirigirse la palabra con algún integrante de la familia.

• Armar bandos con opiniones enfrentadas y hablar mal unos de otros.

¿Qué hacer para resolver los problemas familiares?

Lo primero que hay que hacer es identificar claramente la causa del problema. El tratamiento  varía en función del tipo de problema familiar que se esté atravesando.  Aunque, en líneas generales, para resolver los problemas hay que aplicar la paciencia, la comunicación, el respeto por los otros y la empatía.

También, es importante estar atentos a los primeros indicadores del conflicto. Todo se soluciona de una manera más fácil si se lo enfrenta ni bien aparece el primer malestar. Es necesario tener la valentía de encarar el conflicto ni bien surge para no permitir que el fastidio se extienda y empiece a contaminar otras áreas. 

Las cinco claves para resolver los conflictos familiares son:

1.  Escuchar: escuchar a los demás sin prejuicios ni preconceptos.  Para solucionar el problema es fundamental comprender lo que le ocurre al otro miembro de la familia. Y para comprender hay que poder escuchar de manera abierta lo que el otro tenga para decir.

2.  Hablar: explicarse es fundamental para solucionar problemas en la familia. Muchos de los problemas de familia se originan en malos entendidos. Hablar con claridad es indispensable para empezar a solucionar los conflictos.

3.  Ser activo: cuando empieza aparecer un problema es mejor comprometerse y tener una actitud activa. Participar en la solución del problema dedicándole la atención y el tiempo  que haga falta es de gran ayuda para  facilitar que todo se resuelva.

4. Mostrar empatía: la empatía es la habilidad para ponerse en el lugar de otros. Es ser capaz de entender la situación y los sentimientos que está viviendo otra persona. Esta habilidad es clave para desarmar los conflictos familiares.

5.  Demostrar afecto: ser afectivo más allá de las dificultades que pueda haber facilita la solución de los problemas.

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