El pensamiento es la facultad de pensar. Una capacidad que nos permite comprender y moldear el mundo externo y el mundo interno. Hay diversos tipos de pensamiento, como el pensamiento inductivo, deductivo, pensamiento creativo, pensamiento analítico, pensamiento interrogativo, etc.

Así el pensamiento es la capacidad de las personas de crear ideas y de relacionarlas entre ellas, armando mundos e interpretaciones sobre la realidad.

De este modo, los pensamientos son herramientas útiles que nos permiten resolver problemas, hacer planes, elaborar ideas y orientarnos en la realidad a través de la interpretación que hacemos de los hechos. 

Sin embargo, los pensamientos se pueden convertir en un gran problema.

En esos casos, dejan de ser útiles y, por el contrario, crean una interpretación de la realidad que se vuelve contra nosotros mismos. Se trata de los “pensamientos autodestructivos”.

Se entiende por autodestrucción a toda acción o conducta que lleve a la destrucción de uno mismo, o a las posibilidades de tener una vida plena.

Los pensamientos autodestructivos son aquellos que en vez de ayudarnos a construir nuestra realidad nos contaminan y nos hacen daño. Distorsionan la realidad de una manera que impacta negativamente en nuestras emociones deteriorando nuestra calidad de vida.

Algunos tipos de pensamientos autodestructivos

Pensamientos anticipatorios: es la preocupación por cosas y situaciones que no han ocurrido, y que probablemente nunca ocurran.  Es un tipo de pensamiento que anticipa lo peor y da por sentado que esa catástrofe va a ocurrir. Cuando nos preocupamos antes de que el problema se presente nos predisponemos a esperar lo peor. A su vez, estos pensamientos generan un aumento de la ansiedad y del malestar general de la persona.

Desvalorizaciones: son los pensamientos que nos hacen sentir que no somos capaces de hacer lo que queremos. Son los pensamientos en los que nos valoramos por debajo de nuestras capacidades. Nos hacen sentir incapaces. Obviamente, destruyen la autoconfianza, la autoestima.

Quejas: el estado de lamento y todos los pensamientos de victimización destruyen la energía positiva de las personas. Estos pensamientos quitan fuerza para cambiar aquello que genera malestar. Es un modo de regodearse en el malestar y de seguir en el lugar de víctima.

Culpa y autorreproches:  se trata de los pensamientos en los que nos sentimos culpables por cosas que no hemos hecho. Es un sentimiento generalizado de culpa con los consiguientes pensamientos de autorreproche que sólo sirven para torturar a la persona.

Comparaciones: compararse con los demás es no aceptar la singularidad de cada uno.   Cada persona es única y tiene derecho a ser distinta. Los pensamientos que hacen que nos comparemos con los otros siempre llevan a un estado de sufrimiento. Además, impiden que resaltemos todo aquello que nos hace únicos e irrepetibles.

Pensamientos constantes hacia el pasado: los pensamientos que nos llevan a vivir en el pasado hacen que no valoremos nuestro presente. El pensamiento tiene la capacidad de volar hacia el pasado o hacia el futuro. Nuestro cuerpo, en cambio, sólo puede vivir en el presente. Por eso, conectar con el cuerpo, con las sensaciones corporales nos permite volver al aquí y al ahora.

Las Críticas: una cosa es tener un pensamiento crítico, es decir, ser capaz de disentir y otra cosa muy distinta es que nuestros pensamientos sean una máquina de criticar. Las críticas feroces y permanentes son un arma que acaban volviéndose en nuestra propia contra. Por un lado, nos hacen perder el foco de las cosas verdaderamente importantes y por otro nos impiden relacionarnos con los demás con libertad y aceptación

¿Qué hacer con los pensamientos autodestructivos?

Frente a este panorama, lo mejor es estar atentos al rumbo que toman nuestros pensamientos. No olvidar que los pensamientos son nuestras herramientas y, por lo tanto, deben estar a nuestro servicio. Si permitimos que el pensamiento se descontrole y vaya para cualquier lado, terminamos siendo esclavos de esos pensamientos autodestructivos.

Hablar y escuchar a las personas de confianza también puede ser de gran ayuda para chequear el rumbo de nuestros pensamientos.

Por otro lado, es importante no creer todo lo que pensamos. Hay que entender que muchos de nuestros pensamientos son una total distorsión de la realidad. Y en el caso de los pensamientos autodestructivos esta distorsión hace que se desmorone nuestra autoestima y nuestra potencia.

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