Constantemente vemos que algunas personas a nuestro alrededor no pueden controlar sus estallidos de ira. Explotan. Se enfurecen de manera repentina y la ira los lleva a atacar y a destruir lo que tienen a su alrededor.

Según algunos especialistas estos trastornos se han incrementado durante la pandemia y la post pandemia. Así, muchas veces leemos en las noticias casos que, por no poder manejar la ira, terminan en tragedias.

La situación es preocupante. Sabemos que la violencia ha aumentado tanto en el ámbito familiar como laboral o educacional. Al no poder controlar sus estallidos estas personas ponen en riesgo a su familia, a sí mismo y a su propio bienestar laboral y personal.

Los ataques de ira se pueden describir como estallidos de agresividad repentinos y descontrolados, que aparecen sin previo aviso. Generalmente son desproporcionados con respecto al hecho que desencadenó la furia.

De este modo, cualquier circunstancia puede desencadenar un ataque de ira en quien tiene este problema. Una situación callejera con un desconocido, una respuesta que no le gusta, cualquier situación en el hogar con su familia pueden ser desencadenantes de una explosión.  

En psicología se define al trastorno explosivo intermitente como un trastorno del control de los impulsos en el que aparecen episodios de ira y violencia de forma repetida y sin un motivo proporcionado a la situación que desencadena la ira.

La persona que padece este trastorno puede dañar a otras personas, objetos o incluso a sí misma. En este sentido representa un peligro para los demás y para sí mismo.

Podemos decir que la ira es una respuesta natural a las amenazas que se perciben en el mundo circundante. Tiene un sentido: hace que el cuerpo libere adrenalina, que los músculos se tensen y que la frecuencia cardíaca y la presión arterial aumenten. De este modo, prepara al cuerpo para defenderse de la amenaza.

Lamentablemente lo natural se ha quebrado, y la ira aparece ante estímulos que no representan amenaza alguna.

Por otro lado, la incapacidad para controlarla a través de la razón hace que la ira se convierta en una grave amenaza social.

Más allá de la definiciones clínicas o académicas es necesario que cualquier persona que no puede manejar su ira haga algo para cambiar.

Algunas estrategias para manejar la ira

  1. Pensar antes de reaccionar: cuando surge la ira es aconsejable tomarse unos momentos para ordenar los pensamientos y las emociones. Hacer una pausa antes de reaccionar.
  2. Respirar: la respiración es una gran aliada para calmarse. Antes de reaccionar trata de concentrarte en tu respiración. Haz respiraciones profundas y lentas.
  3. Tranquilizarse antes de expresar el enojo: cuando puedas pensar con claridad, expresa tu enojo de una manera clara y directa, sin herir a los demás.
  4. Hacer ejercicio: la actividad física reduce el estrés. Si sientes que aumenta tu enojo, sal a correr o a descargar tu energía con alguna actividad física.  Trata de hacer actividades físicas cotidianamente.
  5. Tiempo para reflexionar: tener algunos momentos de tranquilidad durante el día ayuda a controlar el estrés.
  6. Aprender a mejorar la comunicación: mejorar la comunicación con los demás es de mucha ayuda. Saber escuchar, pensar la respuesta y no dejarse llevar por las reacciones.
  7.  Buscar soluciones: en lugar de concentrarte en lo que te enojó, focaliza en resolver el problema.
  8. Practicar técnicas de relajación: saber relajarse es una gran herramienta. Cuando te sientas sobrepasado, utiliza las técnicas de relajación.
  9. Cambia tu entorno: evita las situaciones que te alteren.
  10. Evita consumir sustancias que alteren el estado de ánimo: no tomes alcohol ni excitantes, ni consumas drogas de ningún tipo.
  11. Busca ayuda: A veces, no es posible controlar la ira por uno mismo. En esos casos es necesario y urgente buscar ayuda.

Si estás fuera de control y crees que puedes lastimar a quienes están a tu alrededor o a ti mismo busca ayuda de inmediato.

Los ataques de ira

Ocurren de repente, con poca o ninguna advertencia. Suelen durar menos de 30 minutos.

Pueden ir acompañados de:

  • Aumento de energía
  • Pensamientos acelerados
  • Hormigueo en las extremidades
  • Palpitaciones. Aceleración del ritmo cardíaco
  • Enrojecimiento
  • Opresión en el pecho

Algunas consecuencias:

  • Estado de violencia no controlado
  • Gritos, insultos, amenazas.
  • Bofetadas, sacudidas, golpes, empujones sin medir las consecuencias
  • Peleas físicas descontroladas que pueden terminar en tragedias.
  • Daños materiales en el lugar donde ocurre el estallido
  • Agresiones graves a personas o a animales
  • Problemas en el trabajo, en la vida familiar o en la escuela.
  • Problemas graves con los demás. Deterioro de los vínculos.

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