Es sabido que los trastornos de ansiedad son unos de los males de la época actual. La estructuración de la sociedad moderna con su ritmo vertiginoso provoca en la mayor parte de la población un incremento de la ansiedad.

Son muchos los factores que llevan a esta situación: las presiones laborales, la necesidad de mantenerse actualizado, la velocidad de los cambios tecnológicos, las exigencias personales y familiares son algunos de ellos.

La gente se queja porque el tiempo no le alcanza. No es suficiente. Siempre faltan algunas horas para algo. A veces esas horas que faltan para cumplir con todas las obligaciones son robadas al sueño. Se duerme menos de lo necesario. Con lo cual, al estado de ansiedad se le agrega el problema del cansancio. Y el cansancio aumenta la irritabilidad y el estrés. Se suele estar cansado y ansioso al mismo tiempo. Un cocktail complicado que puede llevar a una “detonación nuclear”.

Cansancio y ansiedad son dos palabras que se repiten entre las personas que consultan. Motivos no faltan. La vida se ha complejizado y por momentos se parece a un laberinto en el que no se puede encontrar la salida.

Muchos de los que consultan vienen en búsqueda de una solución mágica. Una pastilla, un remedio, una palabra, algo que como en un cuento de hadas les quite la ansiedad y el cansancio y les permita seguir con sus vidas como si nada.

Pero el asunto no es tan sencillo
Porque la ansiedad y el cansancio extremo son alarmas que nos indican que algo no está bien. Son, podríamos decir, unas luces que indican que nos estamos acercando a un peligro. Señales que nos advierten que hay que cambiar de vía.

No se trata, entonces, de acallar esas señales sino, por el contrario de escucharlas.

El diccionario nos dice que la ansiedad se trata de la condición de una persona que experimenta una conmoción, intranquilidad, nerviosismo o preocupación.

Si se siente ansioso, intranquilo, nervioso, agotado algo tiene que hacer. Algo no está funcionando bien y estos síntomas son las señales que le dicen: “Atención!!! Así no va. Es hora de hacer algunos cambios!!”

¿Por dónde empiezo?
Vamos ahora a un punto esencial: no se trata simplemente de las cosas que le pasan en su vida sino del modo en que usted se las toma.

Es cierto que hay momentos más complicados que otros y que toda vida pasa por situaciones límites que ponen a prueba nuestra capacidad de recuperación. Pero también es cierto que algunas personas tienen la tendencia a ahogarse en un vaso de agua.

Se hacen problema por todo. Por lo que pasa, por lo que pasó, por lo que podría pasar. Eso los lleva a un estado de preocupación permanente. Vean ustedes que una cosa es preocuparse y otra ocuparse. Una cosa es preocuparse por millones de cosas que podrían ocurrir y otra muy distinta ocuparse de los problemas que existen. En muchos casos las personas viven preocupadas pero no se ocupan de las cosas que podrían mejorarles la vida.

Entonces la pre-ocupación suele ser enemiga de la ocupación.

Y, seamos honestos, lo único que resuelve un problema es ocuparse de la resolución del mismo.

Veamos un ejemplo sencillo, conozco a una persona que vive preocupada porque tiene varios kilos de más. Esa preocupación constante por su sobrepeso le impide disfrutar de su vida. Se angustia. Se siente ansiosa y disconforme consigo misma, eso la lleva a comer dulces sin parar. Cada día más preocupada porque la balanza sigue aumentando… pero… no se ocupa de hacer una dieta adecuada. No se ocupa de aquello que la preocupa.

La preocupación se convierte así casi en un motivo de vida. Una sombra que le quita luminosidad a todo. Una nube que sobrevuela los pensamientos. Una compañía oscura que nos distrae. Un diálogo interior que nos mantiene entretenidos, desanimados, irritables, tristes, pero entretenidos.

Deje de preocuparse y ocúpese. Verá que no es tan difícil. Renuncie a sus preocupaciones y ocúpese de las cosas que le importan. 

Frase de la semana
Las preocupaciones acaban por comerse unas a otras, y al cabo de diez años, se da uno cuenta de que se sigue viviendo  Jean Anouilh