Durante la infancia las peleas entre hermanos son normales. Algunos estudios afirman que los hermanos se pelean, de promedio, unas cinco veces al día. También afirman que la tercera parte del tiempo que pasan juntos están peleándose.

La cuestión es que para los padres esto es un problema. La mayoría quisiera que sus hijos se llevaran bien todo el tiempo y que estas peleas no existieran.  Pero en la vida real, las peleas son cotidianas y suelen arruinar la armonía familiar.

La rivalidad entre hermanos puede empezar incluso antes del nacimiento del segundo hijo. A medida que crecen, los hermanos compiten por todo. Detrás de estas peleas y competencias están siempre los celos.

Los hermanos rivalizan por el amor de sus padres. Esta rivalidad inconsciente suele ser el motor invisible detrás de las peleas y los conflictos que mantienen los niños y niñas. 

Es prácticamente imposible evitar las peleas entre ellos ya que forman parte del desarrollo normal de los vínculos. Sin embargo, hay actitudes que pueden ayudar a gestionar mejor estos conflictos. Los padres, como adultos que son, deben ser los encargados de transmitir modelos de conductas y de enseñar a sus hijos a dirimir sus problemas sin agresividad.

15 conductas que pueden ayudar

1. Enseñarles a compartir. No es fácil, pero es una enseñanza esencial que les será de utilidad para toda la vida.

2. Ser equitativos al darles cariño. Como en la base de las peleas están los celos, que los papás y mamás tengan una conducta equitativa es fundamental para aplacar la rivalidad.  Transmitir que se los quiere por igual. Que no sientan que quieren más a uno que a otro.

3. Enseñarles a ser gentiles y a tener buenos modales. Una de las bases para evitar peleas es que sepan pedir las cosas por favor, que sean amables y que no se quiten las cosas rudamente.

4. Cuidar el contenido de lo que ven. Tratar de que no vean dibujos o películas violentas.

5. No sumar el propio estrés al conflicto. Suele ocurrir que cada vez que empiezan las peleas entre hermanos los padres comienzan a estresarse y a enfadarse. Esto no sólo no ayuda sino que profundiza el conflicto. Consejo: mantener la calma.

6. Enseñarles buscar la solución. Hay que ayudar a los hijos para que desde pequeños aprendan a enfocarse en la solución del problema y no en el problema en sí. Esto ayudará con las peleas y les será útil para toda su vida.

7. No buscar culpables. No convertirse en jueces para establecer quién es el culpable de la pelea. Esto solo agudizaría la rivalidad.

8. Incentivar a que jueguen a actividades no competitivas como dibujar, cantar, actuar, pintar, etc.

9. Alabarlos cuando jueguen juntos sin discutir.

10. Escucharlos. Es necesario que los padres aprendan  a escuchar a los hijos. De este modo sabrán qué les pasa y podrán ayudarlos a resolver sus problemas y angustias.

11. Establecer normas y límites. Los niños y niñas necesitan normas claras. Eso les da seguridad. Establecer con claridad lo que se puede y lo que no.

12. Enseñar con el ejemplo. Los niños imitan las conductas de los adultos. Es fundamental que los padres no muestren conductas agresivas ni solucionen sus diferencias a través de peleas.

13. Prohibir los insultos, las agresiones, el maltrato, las burlas. Para que esto funcione, como dijimos antes, los padres deben de ser los primeros en dar el ejemplo.

14. Enseñarles a expresar lo que sienten sin discutir ni pelear. Los niños y niñas no saben a veces expresar las emociones que sienten. Necesitan ayuda para identificar lo que les pasa y aprender a expresar con palabras lo que sienten.

15. No hacer comparaciones entre hermanos y no “etiquetarlos”. Cada niño es único y merece ser respetado en su singularidad.

Lo que NO hay que hacer:

1.   Perder la paciencia.

2.  Actuar o decirles cosas de manera impulsiva.

3.  Amenazarlos.

4.  Gritar o insultarlos por estar peleando.

5.  Decirles que “te va a dar un infarto” si siguen peleando.

6.  Juzgar a alguno de ellos y hacerlo quedar como el culpable.

7.  Decirles que si se pelean ya no los vas a querer.

8.  Hacer diferencias entre los hijos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *