¿Todo listo para San Valentín? ¿Preparados para festejar? ¿Algún plan especial? ¿Algún regalo para alguien especial? El espíritu de San Valentín ya se hace sentir y muchos enamorados se disponen a celebrar. Pero esto no es todo.

Sabemos que cada 14 de febrero se celebra en muchos países el día de San Valentín. Esta celebración ha adoptado diversos nombres: Día de San Valentín, Día de los Enamorados, Día del amor y de la amistad.

En esta fecha se celebra el amor. El amor romántico desde ya, pero también otras formas de amor o, mejor dicho, el amor en todas sus formas. Así, podemos usar este día para celebrar todas las formas de amor que recibimos y que damos en nuestra vida diaria.

Es el amor en sus múltiples modos que se hace presente de tantas maneras y con tanta fluidez que no acepta limitaciones ni etiquetas. El amor que se percibe en los gestos de nuestros semejantes.

Si miramos a nuestro alrededor seguramente encontraremos allí muchas personas que hacen que nuestra vida sea más interesante, más rica y más profunda. Personas que, por el sólo hecho de estar cerca, nos hacen brillar, e iluminan con su presencia la rutina y la oscuridad de ciertos día.
Allí están, cada uno desde un lugar más o menos próximo, desde una mayor o menor intimidad, todas las personas que, con su amabilidad y con su cariño, rompen los moldes de la soledad y nos hacen saber que no estamos solos en este mundo.

Un mundo que a veces se vuelve inhóspito y difícil, un mundo que a veces lastima y asusta, y sin embargo, estas personas nos rodean y nos abrazan a su modo con una sonrisa, con un “buenos días”, con una ayuda circunstancial, con una comida recién hecha, o con cualquier pequeño o gran gesto que se convierte en un mensaje que nos dice: “tranquilo, no estás solo”.  

Por este motivo hoy quiero celebrar este día con ustedes compartiendo un poema del poeta argentino Hamlet Lima Quintana que habla de esto, del amor y de las personas que instalan el amor en nuestras vidas bajo infinitas formas. A veces con una palabra, a veces con un gesto, con una pregunta,  con un modo de callar o de acompañarnos y que, de una manera tenue y sencilla, nos permiten sentir la calidez y la maravilla del amor.

El poeta le puso un nombre a este poema: “Gente necesaria”. Y con ese nombre sintetiza las imperceptibles conexiones del amor que nos vuelven parte de una trama afectiva más o menos visible, pero siempre presente. Conectados, nos vemos rodeados de personas que son una referencia amorosa en el laberinto de la vida en el que tantas veces nos perdemos. Y allí están los demás, los semejantes, con sus sencillos gestos, con su permanencia a pesar de las turbulencias, con su cercanía, abriendo cada vez la posibilidad de un encuentro.

Celebremos y festejemos entonces en este 14 de febrero a toda esa “gente necesaria” que llena nuestra vida de sentido y de calidez. Para todos los necesarios que, desde más cerca o más lejos, saben llegar “hasta los límites del alma” y nos reconcilian con lo mejor de la vida, va este poema.

 

Gente necesaria

Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente, que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor,
inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la
vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.

 

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