Ya estamos finalizando otro año. Se cierra un período de 365 días. Nada más ni nada menos que 8760 horas en las que de una u otra manera hemos desplegado nuestras emociones, nuestras expectativas, nuestra energía y nuestros deseos. 525.600 minutos que se colaron suavemente, sin prisa y sin pausa, permitiendo que nuestra vida fluya y se ramifique en múltiples experiencias.

Es la vida que corre y que fluye como fluye el tiempo. Se termina el 2019. Ya está. Concluye. El reloj marca su ritmo irreversible. En unos días más el año habrá terminado. Y, en ese preciso instante, cada quien se reunirá con sus seres queridos para despedir a este año que se acaba y darle la bienvenida al próximo.

En estas fechas nos gusta pensar y creer que lo mejor está por venir. Por eso brindamos y nos abrazamos con nuestros seres cercanos. Lo mejor está en lo que decidamos hacer con las 8760 horas que tendremos por delante una vez que terminemos de brindar, a las 12 de la noche, con las últimas campanadas del 2019. Lo mejor está en nuestra capacidad de creer y de apostar a nuestros mejores deseos.

El futuro está aquí y está en nuestras manos.

Se percibe ya en el aire la cercanía de lo nuevo. El 2020 se acerca con promesas y profecías. Un gran desafío nos espera. ¿Y qué mejor que iniciarlo livianos de equipaje? Alegres, decididos, con la mirada puesta hacia delante. Para eso, ¿qué mejor que soltar con pesadas cargas que ya no nos sirven?

Pero, ¿cómo soltar esas cargas? ¿Cómo deshacernos de lo viejo en nosotros?

Los últimos días del 2019 son ideales para hacer orden en la casa, en los papeles, en los dispositivos, en nuestras mentes, en nuestros sentimientos, en nuestro trabajo, en nuestros vínculos y en todos los rincones de nuestra vida. ¡Cuántas cosas guardamos que ya no necesitamos!

Un pequeño recorrido por las distintas áreas de nuestra vida nos permitirá apreciar la cantidad de cosas, pensamientos, sentimientos e ideas inútiles que conservamos por el mero hábito de guardar. O quizás por miedo al vacío, o por miedo a lo nuevo. Quién sabe. La cuestión es que la mayoría de las personan vivimos acumulando cosas, vivencias y estados emocionales que ya no nos sirven ni nos representan. Y todo ese material guardado y estancado se convierte en una pesada carga que arrastramos sin darnos cuenta.

El filósofo griego Heráclito de Efeso, que vivió en la antigua Grecia y nació hacia el 544 antes de Cristo afirmaba que todo era cambio. Su filosofía sostenía que todo está en movimiento, todo cambia de una forma constante, lo que es en este momento nunca más volverá a ser y lo que fue en su momento, nunca más será. A él se le atribuye una frase que dice: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”. Y esto es así porque el río fluye y cambia, y nosotros mismos nos modificamos y ya  no somos los mismos cuando entramos al río por segunda vez.  Este es el sentido de esa frase. La frase originaria decía: «En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]» que, con el paso del tiempo se popularizó en la forma antes citada.

Fluimos. Cambiamos con todo lo que cambia. Cambia nuestro cuerpo, cambian nuestras emociones, cambian nuestros deseos. El tiempo nos cambia. Sin embargo nos aferramos a cosas del pasado como si necesitáramos detener el flujo del movimiento. Pero el movimiento no se detiene. Sigue su curso incesante.  Somos nosotros los que nos estancamos impidiendo que la energía circule libre y livianamente en nuestra vida. Así, soltar las cargas innecesarias que nos estancan nos permitirá devenir con los procesos del tiempo.

Dispuestos una vez más a recorrer y a construir las aventuras que el tiempo nos depara nos encontramos nuevamente frente a las puertas de un ciclo que se inicia. ¡Bienvenido 2020! Bienvenido lo nuevo, lo incesante, lo fluido. Bienvenido el cambio, la fuerza, lo que nace.

Empezar el 2020 flexibles y sin cargamentos innecesarios es lo mejor que puede pasarnos.

¡Feliz año para todos y para todas!

 

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