Madrid, 15 abr (EFE).- Era un momento de entrenador. Una semana decisiva que marcaría las aspiraciones del Real Madrid en tres duelos de altura. La eliminatoria ante el Liverpool y el clásico del fútbol español. Con una plantilla castigada por las lesiones y con casos de coronavirus. En la extrema dificultad, Zinedine Zidane sale airoso.
Se acostumbró Zizou al examen constante, a la reivindicación continua. A vivir instalado en el extremo en una temporada en la que su equipo estuvo cerca del abismo en Liga de Campeones, último de grupo en el inicio de la competición, y a once puntos del Atlético de Madrid en LaLiga Santander. A la hora de la verdad ya está en semifinales de su competición fetiche y a un punto del líder liguero. El francés ha vuelto a ganar el pulso.
Su filosofía es huir del elogio. En Anfield volvió a quitarse mérito y trasladarlo enteramente a sus jugadores. Estaba feliz, con la sonrisa que había perdido en la víspera por las circunstancias. Una defensa inédita. Obligado a inventar. Con el pase era un momento para sacar pecho y hasta cuando le pusieron el capote al citar a sus críticos, Zidane optó por la cautela: «no les digo nada, estamos vivos en las dos competiciones pero todavía no hemos ganado nada».
El gran valor del técnico francés es la gestión del vestuario, de los egos, el calado de su figura en futbolistas que le admiraron como jugador. Con el tiempo le va añadiendo aspectos claves para un entrenador, una evolución en el aspecto táctico que ha exhibido más que nunca en el presente curso, especialmente en una semana en la que su equipo mutó de identidad con criterio.
Fue a por el Liverpool en el Di Stéfano, con tridente ofensivo y obteniendo un resultado clave para regresar tres años después a semifinales. Cambió ante el Barcelona reforzando el centro del campo con un jugador más, Fede Valverde, y castigando con velocidad los errores del eterno rival. Y ya al límite en lo físico, sin Dani Carvajal, Lucas Vázquez, Sergio Ramos ni Raphael Varane en defensa, inventó a Valverde de lateral sin recuperar una defensa de cinco que dio sus frutos en determinados encuentros. La riqueza táctica del Real Madrid ha variado en función del rival y de los medios de los que dispone.
MILITAO, NACHO Y EL ÉXITO INESPERADO
Se cumple una vez más la manida frase de Zidane. «Cuento con mis jugadores, los vamos a necesitar a todos». En un momento clave, con bajas de titulares indiscutibles, el técnico ha conseguido enchufar a toda su plantilla. Ha encontrado en Nacho el liderazgo perdido sin Sergio Ramos y la mejor versión del brasileño Militao. De la grada a sentir la responsabilidad en el centro de la zaga ante equipos tan ofensivos como Liverpool y Barcelona.
Su figura se engrandeció en el juego aéreo, con seguridad al corte y velocidad, expeditivo y muy metido en cada encuentro. Pasa de ser uno de los jugadores que veía cerca su salida a convertirse en una opción firme para Zidane.
Desde la solidaridad del grupo, el compromiso con Fede Valverde a la cabeza, jugando infiltrado con un pie morado y lejos de su posición natural, el Real Madrid salió airoso de Anfield. Priorizó la protección a la búsqueda de goles, rebajó el riesgo de perdidas para evitar la velocidad del Liverpool, encontró en la ayuda defensiva de jugadores como Marco Asensio, clave en la ayuda a Valverde ante el potencial de Mané y Robertson, o Vinicius, un punto decisivo para ganar seguridad.
Y el sufrimiento se evitó gracias al momento de Thibaut Courtois, decisivo con dos paradas en los primeros minutos. Un muro para el Liverpool en la cuarta portería a cero del belga en nueve partidos de la presente ‘Champions’.
DE LA PETICIÓN DE RESPETO AL MEJOR MOMENTO
«Espero un poco de respeto», pidió Zidane el 5 de febrero a su regreso del confinamiento en su domicilio tras ser víctima de la covid-19. Cansado de escuchar críticas tras la eliminación en semifinales de la Supercopa ante el Athletic Club y perder de nuevo de local en Liga frente al Levante. «Me reivindico con mis jugadores para que nos dejen trabajar. Tenemos el derecho de pelear, al menos este año. Decirme a la cara que hay que cambiar el entrenador», afirmó con firmeza en un mensaje que iba trasladado más allá de los periodistas que preguntaban. Al Real Madrid nunca se le puede dar por muerto. Desde entonces, con la implicación máxima de sus jugadores, Zidane ha encadenado 14 partidos sin perder con once victorias y tres empates. Su futuro solo lo sabe él. En el camino ha dejado una nueva reivindicación de una figura con mayor reconocimiento fuera que dentro de España.
Roberto Morales

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